miércoles, 16 de mayo de 2012

¿A qué se parece mi soledad?


Hoy, oyendo una canción, contemplando el paisaje y el cielo gris y nublado, veo como una solitaria ave levanta el vuelo, en búsqueda, puedo imaginarlo, de su nido; veo como se mueven lentamente las nubes cargadas de agua, es el momento en el que pienso: ¡Qué solo estoy!

Puedo recordar los momentos que comparto con mis amigos, que son un regalo de Dios; pienso en las comidas familiares, en las que mamá siempre tiene algo que decir, en las que papá tiene algún chiste y con él, nos hace reír, algún seco comentario de mi hermano o una tímida sonrisa de mi hermana, y allí me detengo y medito: ¡Qué solo estoy!

Sé que tengo todo lo que quiero; que he realizado los sueños que he tenido, que he hablado con desconocidos y conocido a los que les he hablado, he visto maravillas de la naturaleza y visitado ciudades históricas, desde Roma a la Antigua Guatemala; he comido los manjares de otros lugares, he volado, he escrito, me he expresado, he leído y he descubierto lo inimaginable, he opinado, siempre he dicho algo.  Pero algo me falta, algo no está bien.

Sé que disfruto mi independencia, los momentos de encuentro conmigo mismo, disfruto mi silencio y el movimiento de mis pensamientos, pero algo me falta ¿Qué será? ¿Quién será?

Muy en el fondo de mi verdad, sé que lo que me falta es aquello que tanto busco, y que no he logrado encontrar.  Pero es allí, en el vacío de mi soledad, en donde encuentro lo que tanto busco.  En la soledad de mi corazón, allí en lo más íntimo te encuentro, es en la sonrisa de un niño, en la sonrisa de la gente que veo pasar, en el sonido de la naturaleza y en las personas que día a día veo, en las aves que cantan, en los árboles que se mantienen erguidos, y muy a lo Agustín, en lo ‘inquieto de mi corazón’.


Sé que aquí estás y disfruto tu compañía, se que en mis sueños tú has estado, que en los conocidos y desconocidos allí has estado, en la naturaleza y en las ciudades, en la comida, en el bus, en el metro, en el avión y en tren allí estuviste, en mi corazón allí estás, en mi sonrisa y en mis palabras, allí estás…

miércoles, 9 de mayo de 2012

Sobre mi madre


Bueno, puede sonar un poco disonante lo que redactaré, es más me sorprende que me dedique a escribir esto, sobretodo porque no soy muy amigos de las fechas que son especiales pero que, por triste que se oiga, se han comercializado.  Pero fuera de esto hoy quiero hablar sobre la mujer que me trajo al mundo, sin la cual no podría haber vivido.

Antes que nada quiero decir que, lo digo con orgullo, soy envidiado por la mamá que tengo, recuerdo los comentarios de una amiga que me decía: ¡ya quisiera tener a su mamá de mamá!; en esa época no lo entendía, ahora lo comprendo mejor.  Pues bien mi mamá, o mejor dicho “La Chaparra” como todos la conocemos, es una mujer trabajadora, se levanta de madrugada y ama acostarse temprano, ha sido educadora por 32 años, y tiene tres hijos, fruto de sus entrañas, pero tiene, sin temor a equivocarme, muchos más que ella ha cuidado, criado y educado.

Es pequeña, por eso el apodo, pero todos la respetan, una palabra de mi mamá es ley y, todavía es así, no hay quien se lo discuta, fuera de sus tres hijos rebeldes.  Mi mamá es muy alegre, se ríe de todo, hasta de chistes que le contamos una y otra vez, es auténtica y necia, creo que de allí saqué mi testarudez.  Cuando se propone algo, no hay fuerza humana que haga que desfallezca en la búsqueda de lo que quiere.  Es completamente reciliente y de verdad que ha sufrido, sacarme adelante aún a costa de lo que la familia le decía. 

Creo que hay muchas cosas que debo aprender de mi mamá, pero hoy especialmente quiero agradecer por mi “chaparra” madre, ese trozo de cielo que Dios me permitió tener.  Nos peleamos, lloramos juntos, sobre todo si nos tomamos un trago.  Nos reímos de recordar todo lo que hemos vivido y vean que cosas hemos vivido.  Hay momentos que sin lugar a duda imprimen carácter y que nos hacen lo que somos y en esos momentos ella ha estado allí.

Hoy quiero agradecer sobre todo por mi mamá porque ella:
·         Me enseñó a caminar.
·         No sintió asco al limpiarme.
·         Me enseñó mis primeras palabras.
·         Hizo que aprendiera a escribir a máquina.
·         Mejoró mi letra.
·         Me motivó a tomar decisiones.
·         Se ha reído de las torpezas que he hecho.
      Pero nunca me has dejado solo.
·         PERO SOBRE TODO ME HA AMADO COMO SOY.
Gracias Señor por esta bella mujer.

martes, 1 de mayo de 2012

Amar es comprometerse



 Por: Luis Alberto Guigui

Es el amor lo que le da plenitud a nuestra vida. Pero hay que decir la verdad: humanamente, en ocasiones nos sentimos vacíos, sentimos que nuestra vida no tiene nada de sentido, sentimos que el mundo entero nos da la espalda. Y es en esas ocasiones cuando llegamos a pensar que Dios no está con nosotros, que Dios se ha olvidado de nosotros. Cuando hay alguien que me comenta que se siente así, yo sólo les digo: “Mira a tu alrededor y ve la creación entera, ella te habla de lo mucho que Dios te ama…” Soy consciente de que cuesta creerlo, pero Él mismo nos da la respuesta: “Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se moverá” (Cfr. Isaías 54, 10). Qué gran noticia es esta: ¡Con nuestras características personales, Dios nos ama! Nos ama tanto que dio lo más valioso para Él, su propio Hijo.

Pero hay un problema, y no está de parte de él, sino de la nuestra. Las mujeres y hombres no sabemos amar, queremos entender a Dios desde nuestra naturaleza y quisiéramos que Él nos dé las respuestas que nosotros esperamos. Queremos entender el amor que Dios nos tiene, o incluso queremos sentirlo todo desde nuestra propia experiencia y eso es muy difícil. Dios nos ha dado muestras de su amor, al darnos la vida, Él nos creó para ver en nosotros a su Hijo, dándonos la oportunidad de conocerlo y ver las maravillas que Él ha hecho, pero que nosotros no vemos en muchos casos.

El amor de Dios trasciende nuestra naturaleza, pero también más allá. Ese amor, cuando lo hemos experimentado, nos invita a comprometernos por él y por su Reino. No basta con decir que amamos a Dios, eso es una cuestión personal. Es necesario demostrar que conocemos ese amor y, por lo tanto, llevarlo a todos aquellos que no lo conocen, desde su situación  afectiva o económica. Porque es sencillo decir: “conozco del amor de Dios”, pero no movemos un dedo por llevar consuelo o ayuda a los que menos tienen. Eso se convierte en puro sentimentalismo, en nuestra Iglesia falta compromiso.

“El amor es el fin del hombre y el principio de la felicidad personal, familiar y social”  El amor de Dios es algo que nos mueve, nos invita, nos transforma “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”  (Cfr.  Deus Caritas Est, 1). A partir del encuentro con Jesús conocemos a plenitud el amor de Dios.

Ese encuentro con Jesús hace que veamos en los demás el amor de Dios, en un niño recién nacido que ríe, en el rostro de la madre que observa a ese niño, en el rostro del mendigo que nos pide una moneda, allí vemos a Dios, ese amor que lo llena todo, especialmente cuando lo asumimos, cuando lo hacemos parte de nuestro ser, cuando hacemos nuestra opción a la fe, cuando le decimos que sí a Cristo; no lo hacemos sin adquirir un compromiso, como lo decía San Juan de la Cruz: “Al atardecer de la vida nos examinarán en el amor…”, en cuanto hemos amado, no en cuanto nos han amado; en cuanto hemos dado, no en lo que nos dieron; en cuanto nos entregamos y construimos con nuestra vida el Reino de Dios.

Dios nos ama, nos lo demuestra con su creación, con su Hijo. El secreto es saberse amado, es saberse importante para Dios, porque lo somos, lo sabemos y sentimos. Nos ha dado tanto, nos ha dicho y nos sigue diciendo tanto… Somos únicos e irrepetibles, somos sus creaturas, y nos ama porque Él es bueno, no porque nosotros seamos buenos, lo que es una falsa imagen del Dios compensador. Ahora la pregunta es: ¿lo amamos a Él? Creo que la respuesta está en el fondo de nuestro corazón, y sé que queremos asumir el compromiso de entregarnos a Él a su Reino, porque “Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él” (Homilía de Benedicto XVI, al inicio de su Pontificado)

domingo, 29 de abril de 2012

Carta para quien amo...


Recuerdo que hace un par de semanas pudimos hablar; ya hace mucho que deseaba hacerlo, no te imaginas cuanto tiempo esperé para este momento, siempre me pareció que había mucho que nos teníamos que decir.  Es cierto que ya compartíamos nuestra amistad, que ya antes habíamos hablado, pero como esta no; es siempre importante refrescar nuestro primer encuentro que ya hace tiempo tuvimos: vos un joven soñador e idealista y yo, pues yo.

Me quedé con ganas de decir mucho, de exponer mis puntos de vista, pero este era tu momento, sé que puedo ser duro y parecer que no me importas, pero la verdad lo que espero es ayudarte y verte feliz.

Me has abierto el corazón y eso quiero agradecerlo, me has regalado tu confianza y también lo agradezco, me has mostrado tu herida y has compartido lo que te duele y a partir de ese momento tu dolor se volvió mi dolor, tu tristeza en mi tristeza, tu insomnio en el mío.

Sé que has sufrido, se lo qué lloras por ese dolor, pueda que no lo entiendas pero yo esta allí mientras los demás te herían, yo también era herido.  Hoy lo que más deseo es estar contigo como siempre lo he estado, ahora sé que cuento con tu apoyo como tu cuentas con el mío.

 Tu amigo que te ama, Jesús.
http://www.youtube.com/watch?v=b6wvGmo6fDI

miércoles, 25 de abril de 2012

Sobre la crisis actual!!!


Hay cosas que en realidad no entiendo, muchos podrán decir que es falta de coherencia de mi parte, otros quizá me darían la razón, pero espero abordar estos puntos desde un punto de vista objetivo.

Antes de abordar estos temas me gustaría hacer la observación que no estoy peleado, ni me pelaré con la Iglesia.  Pero creo que es el momento en que pensemos, en que hagamos algo, y sobre todo como miembro de un movimiento católico y como ex-seminarista creo que debo hacer estas observaciones.

Hace un par de días he leído sobre la crisis que estamos viviendo como Iglesia, la falta de sacerdotes, la falta de seminaristas e incluso de gente comprometida con la Iglesia.  Cierto es que ahora hay un despliegue de vocaciones, muchas de ellas en movimientos conservadores ¿Qué nos hace pensar esta situación? ¿Qué sucede con aquellos que ingresan a los seminarios? Creo que en el fondo la respuesta es sencilla: existe una gran necesidad de interiorización, de entrar en uno mismo y discernir el camino vocacional.  Pero ¿qué pasa luego de algunas fases formativas? A pesar de la gran cantidad de personas que ingresan, así es la cantidad de deserciones, entre esas la mía… ¿Qué está pasando?

Soy consciente de la emoción con la que uno ingresa y con la que muchas veces se mantiene en esas fases.  Pero en muchos casos el mantenerse en estas fases implica, por decirlo de alguna forma, el sesgarse como persona, dejar de ser lo que uno es para convertirse en lo que los formadores quieren que seamos.  Muchos me dirán: “Pero entonces ¿para qué entrar?, no tiene sentido si lo que buscan en nosotros es la disponibilidad para formarnos…” y eso tampoco está mal,  pero en lo que no estoy de acuerdo es en OBLIGAR a una persona a que cambie aspectos importantes en su personalidad con el fin último de “pertenecer” a un movimiento, y OJO esto aplica para cualquier movimiento.

¿Qué estamos formando?, en algunos casos personas frustradas que dejaron de ser lo que en esencia son, para convertirse en otra cosa.  Si a eso le sumamos la falta de un buen acompañamiento psicológico, la verdad estamos perdidos.  

Y la verdad es que los formadores de los seminarios no son los responsables, sino los formandos, que hacen eso con tal de no dejar de formar parte de la congregación o no ser sacerdotes.  ¿A costa de qué estamos haciendo eso?  La verdad, como laico, me preocupa esta situación, porque creo en una Iglesia viva, en una Iglesia que es familia, como la soñó el Señor.  ¿Qué tal si autorizaran el celibato opcional?  Sería un buen paso, educaríamos la libertad de la persona, que desea tener una familia y de igual forma servir a Dios a través del ministerio sacerdotal y más aún las homilías en los matrimonios tendrían más sentido y sobretodo nos dejaríamos llevar por el amor, o ¿Qué tal el sacerdocio femenino?  Creo que hay situaciones que una mujer actúa  mejor que un hombre, no está de más decir que yo no poseo un director espiritual, sino una directora espiritual.

Creo que es tiempo que pensemos más.  Hago la aclaración que yo conozco muchos santos sacerdotes que han dedicado su vida entera a la construcción del Reino, que uno sabe que son sacerdotes del Señor, quisiera citar al P. Checchi, al P. Héctor, al P. Rolando, A Carlos Cabarrús, Pedro Jaramillo, Ricardo Bendaña o Eduardo Valdés, sin olvidarme del P. Gabelo; y me enorgullezco de la amistad que tengo con ellos, pero ¿Qué nos espera con la nueva generación de sacerdotes?  Mientras nada cambie creo que lo único que queda es orar por ellos, para que sean valientes y decidan siempre lo que es mejor para ellos, porque al final de cuentas la única vocación es ser feliz…

martes, 27 de marzo de 2012

Crónica de una misión memorable


Muchos han sido los regalos que he recibido, he tenido grandes sorpresas que me encanta contar.  El año pasado recibí muchos de estos regalos, la experiencia de vivir un EPJ (Encuentro de Promoción Juvenil), la experiencia en Madrid, para la Jornada Mundial de la Juventud, la experiencia de Religiones por la Paz, en Managua.  Pero hoy quiero contar la experiencia reina, la que coronó y concluyó este gran año: Misión País Colombia.  Tiendo a ser un poco descriptivo, espero no aburrirles.

Una mañana mi jefa me mandó a llamar, me dijo que leyera una carta de invitación que había recibido, y sin más me preguntó: “¿Te gustaría participar?” a lo cual yo respondí que sí.  Pasó un buen tiempo y la Rectoría no había dicho nada sobre ese viaje, de repente una tarde sale mi jefa y le dice a toda la Pastoral: “¿Adivinen quién se va a Colombia?”, yo la verdad no esperaba que se llevara a cabo este viaje, es más ya me había hecho a la idea que pasaría mis vacaciones de fin de año en casa, con el único objetivo de bajar de peso.

Luego de todo el trámite administrativo me entregaron el boleto, estaría en Colombia del 12 al 27 de diciembre.  Una de las cosas en las cuales me puse a pensar fue en no pasar la Navidad en casa, la verdad me costó hacerme a la idea, pasé una buena parte de los preparativos del viaje triste por eso, pero llegué a la conclusión que, como siempre, las veces que no he querido hacer algo es cuando más me lo disfruto.

Una noche antes de tomar el avión que me llevaría a Bogotá, me llaman mis amigos para juntarnos en misa y salir a celebrar la navidad, claro yo dije que no, ya que no tenía nada arreglado.  Llegó el ansiado día, no está de más decir que soy muy estresado, me preocupaba que nadie me fuera a traer al aeropuerto, cosa poco probable, de igual forma tuve un plan de reacción.  Ese lunes, día consagrado a la Emperatriz de América, me levanté muy de madrugada, el vuelo salía a las 8 de la mañana, por lo cual llegué al aeropuerto internacional La Aurora a eso de las cinco de la mañana, según yo no iba a haber gente, claro no fue así.  Hice una breve escala en San José, Costa Rica, donde aproveché a comprar chocolates, abordé nuevamente el avión que me llevaría a la ciudad que me robó el corazón: Bogotá.

Llegué a El Dorado al filo de las 2 de la tarde, allí me esperaban Luis Carlos Figueroa e Iván Camilo Vargas, quienes me invitaron a comer una muy rica crepe y me mostraron la ciudad, a eso de las 4 inició el trabajo de la misión, nos reunimos con Diana Salamanca, la otra coordinadora de Misión, fue una tarde lluviosa, muy rica, no está de más decir que esa tarde conocí el Centro Pastoral de la Javeriana, me pareció excelente.  Entre tinticos y aromáticas, fue pasando la tarde.  En esa misma rutina pasaron los días y llegó el día que salimos a Arauquita, un municipio del departamento de Arauca, en el oriente colombiano. 

A parte de mí, el grupo de misioneros estaba conformado por administrativos de la Javeriana: Diana, Fabiola, Sonia, Maritza, Clarita, Jorge e Iván, nos reunimos a las 12 de la noche en la terminal, para abordar el bus que nos llevaría a Arauquita, he de decir que fue un largo viaje, algo que yo sólo había hecho una vez, y prometí no volver a hacer, pero como decía mi abuela: “Más rápido cae un hablador que un cojo”.   Llegamos a Arauquita alrededor de las 3 de la tarde, comimos, y nos llevaron a nuestro centro de operaciones, un instituto.  Esa misma tarde fuimos a celebrar la misa con la comunidad, al llegar por la noche, comimos juntos y así inició nuestra aventura.

Al día siguiente fuimos a conocer las comunidades que nos asignaron, aunque a Fabiola y a mí nos correspondió trabajar la planificación de las actividades con los niños.  Habrá que decir que el trabajo que nos asignaron fue la de visitar familias, consolando a los enfermos, así como trabajo con niños y una convivencia con jóvenes.   Todas las mañanas saldríamos a visitar las comunidades del municipio, allí cada uno tuvo encuentros con las familias del sector, muchas de ellas ni si quiera profesaban la religión católica, pero fue una bella oportunidad para relacionarnos con estas familias que nos abrían no sólo sus casas, sino su corazón, recuerdo el caso de una señora muy mayor que nos contó su historia y cómo vivía, es una experiencia que no se me olvidará jamás.

La convivencia con los jóvenes inició con una leve llovizna, allí hicimos un rally, unas dinámicas y compartimos algunas experiencias, recuerdo lo mucho que disfruté el ver a los jóvenes bailando el Calimeño, obvio lo primero que hice al regresar a Guatemala fue descargarla en MP3, así como bailar con ellos la Macarena, fue algo muy bello.  El almuerzo lo hicimos todos juntos, comimos sancocho, para cerrar esa jornada cantamos todos juntos un tema de Juanes: No creo en el jamás.

De las cosas que más amé, sin lugar a dudas, fue el compartir con los niños, entre todos logramos darles algún bocadillo, disfrutábamos tanto jugar con ellos, desde “El gato y el ratón”, que reconozco no fui capaz de ganarle a Santiago; “El lobo” y otras tantas.  También les enseñé algunos cantos de Guatemala: El chipi-chipi, el baile de la avispita, que creo que fue el éxito.  Dianita nos enseñó un canto especial: el Pichirilo.  Vimos el desarrollo emocional de algunos niños, pero citaré sólo uno, que nos marcó a todos: Paulina, a un inicio no se dirigía hacia nosotros, nos huía, pero al paso de los días se acercó y para el último día ya éramos amigos.   Como educador es muy satisfactorio ver cómo trabajan los niños y vivir junto con ellos esta aventura fue más que bello.

Las tradiciones navideñas en Guatemala están marcadas por las posadas, que es rezar la novena al niño Jesús de casa en casa, en Arauquita fue un tanto distinto, ya que la novena se reza en un solo lugar, para ello nos dividimos en sectores, el nuestro inició con 20 niños, para el último día eran 120, ¿cómo logramos entretenerlos? Fue sencillo, utilizábamos cantos y dinámicas.  Era toda una aventura llegar allí, mi grupo en una ocasión se perdió y llegamos tarde.  Había días en los que íbamos a tres novenas y en cada una dejamos el corazón.

Soy consciente que como buen guatemalteco una de las cosas por las que más presumimos es de nuestra pluriculturalidad, en nuestro territorio viven 23 culturas, y entre todos nos relacionamos, por ello cuando nos contaron que conoceríamos una reserva indígena, yo me emocioné, ya que me imaginaba ver a indígenas como en mi país, pero en realidad me sorprendió un poco, adicional a ello me sorprendió el término “Reserva”, ya que en Guatemala eso sería impensable.  Fue un poco doloroso para mí ver la situación en la que viven.  Así como no encontrar la forma en entrar en sintonía con ellos. Asistimos a una serie de bautizos masivos, luego de ello regresamos a nuestro centro de operaciones.

Fueron días muy llenos de actividades, que disfruté mucho, no está de más decir que tuvimos que regresar antes por el transporte, ya que yo salía para Guatemala el 27 de diciembre por la mañana, eso me dio la oportunidad de compartir la Navidad con la familia de Iván Vargas, fue una experiencia única, ya que la navidad en Guatemala es algo aburrida, en cambio en Colombia es riquísimo, sobre todo por la música las luces de la ciudad, el compartir con la gente eso es lo más bello de la vida.



Siempre me habían presentado Colombia como un paradisiaco lugar, playas hermosas, bellas mujeres, pero la Colombia que yo conocí y más aun, la Colombia que amo es la que me abrió las puertas de su corazón, la Colombia de gente amable y siempre dispuesta a ayudar y a compartir, pero sobretodo a sonreír con un desconocido.

Luis Alberto Guigui 

Don Cámara, un ejemplo del Buen Pastor.



Por Luis Alberto Guigui

Cuando sueñas solo, sólo es un sueño; cuando sueñas con otros, es el comienzo de la realidad. (Hélder Cámara)

Hace pocos días, hablando con una buena amiga, conversamos acerca de los obispos y de la importancia que ellos tenían en la vida de la Iglesia, así pasamos revista a varios, desde Rosell y Arellano hasta Quezada Toruño, pero del que más hablamos no era guatemalteco, sino brasileño, y creo que por respeto a su memoria trataré de exponer lo que me generó.  Él se llama Hélder Cámara.  Yo francamente no lo conocía y mi amiga me dice: “Mira te voy a mandar un correo y verás una de sus frases…”; dicho y hecho; la frase que tenía no sólo eran palabras al aire, sino que era toda una escuela de vida: ¿La gente se te hace pesada? No te la cargues en tu espalda, llévatela a tu corazón. (Hélder Cámara).

Dom Cámara, como era conocido, fue Arzobispo de Olinda y Recife, una de las comunidades más pobres de Brasil, fue en toda su dimensión ejemplo del Buen Pastor, como deberían ser todos los obispos, no se dedicó a atender a unos pocos, sino a los más pobres y desfavorecidos, no hizo alarde de su posición, por el contrario nunca dejó desamparados a los necesitados de su comunidad, y esa lucha lo que logró fue generar enemigos, no lo dejaban salir del país ya que si lo hacía sencillamente no lo dejaban entrar nuevamente, y antes que nada lo que él quería era servir; cierto es que esas luchas no fueron en vano y nunca las libro solo, ya que tenía al que es la fuerza: Dios.

Considero que él hizo vida la frase, que algunos tratamos de hacerla propia: “Cristo no vale la pena, vale la vida”, su lucha fue incansable y hace reflexionar mucho, y pienso en los pastores que Dios nos ha regalado, y vean que algunos han sido muy grandes, pienso a su vez en los que serán nuestros pastores y en uno mismo, que siente alguna clase de llamado, que bien nos hace el conocer a gente que ha vivido el evangelio, que con sus actos nos deja claro como debe ser el seguimiento de Cristo, un seguimiento firme, valiente, auténtico, un seguimiento veraz, que no se quede en el pasado, ni se fatigue con el futuro, un seguimiento del día a día.

Si bien nunca ganó el Nobel de la paz, y bien que lo merecía, ganó el mejor de los premios, el haber sido un pastor como lo quiso Jesús, que dejara todo y lo siguiera, estoy más que seguro que él ya alcanzó la santidad, y creo que al igual que Juan Pablo II, el recibió el premio del Cielo, ya que su vida no pasó en la vida, ojalá nosotros fuésemos como él, valientes, descaradamente católicos evangélicos, que toman  la cruz de cada día y siguen a Cristo.

Luego de leer un poco a Don Cámara, a quien muy humildemente he tratado de presentar, lo que le pido a Dios, es que no deje que me vaya de este mundo sin haber trabajado como Él, mi amado, lo merece, que me dé su fuerza para nunca avergonzarme de llamarme cristiano y que pueda, algún día ser el como el Buen Pastor que no deja a sus ovejas.

Luis Alberto Guigui 
E-140