domingo, 9 de diciembre de 2012
Carta de despedida de Jesús a María
Querida Mamá *:
Cuando te despiertes yo ya me habré ido. He querido ahorrarte despedidas. Ya has sufrido bastante y lo que sufrirás María.
Ahora es de noche, mientras te escribo. El gato me mira como diciendo: “¿Es que no va a poder uno dormir en esta casa nunca?”
Quiero decirte por qué me voy, por qué te dejo, por qué no me quedo en el taller haciendo marcos para las puertas y enderezando sillas el resto de mi vida. Durante treinta años he observado a la gente de nuestro pueblo y he intentado comprender para que vivían, para qué se levantaban cada mañana y con qué esperanza se dormían todas las noches.
Juan el de las gaseosas, y con él la mitad de Nazaret, sueñan con hacerse ricos y creen de verdad que cuantas más cosas tengan más completos van a ser. El alcalde y los otros ponen el sentido de sus vidas en el conseguir más poder, ser obedecidos por más gente, tener capacidad para disponer del futuro de los otros hombres. El Rabino y sus beatas se han rendido ya a todo lo que signifique esforzarse por crecer y se disculpan haciéndolo pasar por voluntad de Dios.
El resultado es que la mayoría de los días son grises, las soledades demasiado grandes para ser soportadas por hombros normales, la amargura habitual de casa, las alegrías cortas y poco alegres.
A veces, Madre, cuando llegaba el cartero y sonaba la campanilla en la plaza del pueblo, cuando la gente acudía corriendo alrededor, yo me fijaba en esas caras que esperaban ansiosamente, delirantemente, de cualquier parta y con cualquier remitente, una buena noticia: ¡Hubieran dado la mitad de sus vidas porque alguien les hubiera abierto, desde fuera, un boquete en el cascarón! Me venían ganas de ponerme en medio y gritarles: “¡La Buena Noticia ya ha llegado! ¡El Reino de Dios está dentro de ustedes! ¡Las mejores cartas les van a llegar desde dentro! ¿Por qué les repiten que están cojos, si resulta que Dios les ha dado dos piernas de gacela?
Yo me siento prendido por la plenitud de la vida, Madre. Yo me descubro encendido en un fuego que me lleva y me hace contarles a los hombres noticias simples y hermosas, que ningún periódico dice nunca. Y quisiera quemar al mundo con esta llama; que en todos los rincones hubiera vida, pero vida en abundancia.
Ya sé que soy un carpintero sin bachillerato ni licenciatura y que apenas he cumplido la edad para poder hablar en público. No me importaría esperar más, pensarlo más, ser más maduro, “Hacer mi síntesis teológica…” Pero esta tarde me he enterado que han detenido a Juan, que bautizaba en el río. ¿Quién alimentará ahora la chispita de esperanza que aún humea en el corazón de los pobres? ¿Quién gritará lo que Dios quiere en medio de tanto gritos que no quieren a Dios? ¿Quién jurará a los sencillos y a los cansados que tienen derecho a vivir porque son queridos desde el principio del universo?
Hay demasiada infelicidad, mamá, como para que yo me contente con fabricar hamacas para unos pocos… Demasiados ciegos, demasiados pobres, demasiada gente para quien el mundo es la blasfemia de Dios. No se puede creer en Dios en un mundo donde los hombres mueren y no son felices…. A menos que esté del lado de los que dan la vida para que todo eso no siga sucediendo; para que el mundo sea como Dios lo pensó.
Si te he de decir la verdad, no tengo nada claro qué es lo que voy a hacer. Sé por dónde empezar. No sé donde terminaremos. Por lo pronto me voy a Cafernaum, a la orilla del lago, donde hay más gente, y lo que pase tendrá resonancia. Está amaneciendo.
Te escribiré. Te vendré a ver de vez en cuando. Las vecinas, el gato, las estrellas del cielo y Dios nuestro Señor te harán compañía en esa ola inmensa de convivencia fraterna con la naturaleza que los hombres no son capaces de descubrir.
Y cuando hagamos ese pequeño grupo de gente que viva como estamos hechos para hacerlo, podrás venirte con nosotros, llena de gracia, llena de flores, llena de ritmo, ¡Bendita entre todas las niñas de Israel! que me diste en fruto a mí.
Jesús…
*Tomado de "Un Señor como Dios manda" de José Luis Cortés...
martes, 4 de diciembre de 2012
Jesucristo ¿Rey?
Este domingo la Iglesia celebra una gran fiesta: Jesucristo Rey del Universo. La liturgia nos invita, en gran medida, a reflexionar ¿Quién es Jesús? Y ¿Por qué al finalizar el año litúrgico celebramos al rey?Pero antes de hablar del rey debemos entender, aunque sea un poco, el reino. A lo largo del Evangelio Jesús nos da sólo nociones sobre lo que es el Reino, lo demás es pura conjetura; Jesús nos dice que el reino es como un banquete de bodas, cuyos invitados no quisieron ir, que se parece como el sembrador que sale a sembrar, como una moneda que se pierde y luego la encontramos. Pero a su vez Jesús nos dice que el reino NO es de este mundo pero en otra parte nos dice que el reino ya está entre nosotros, francamente eso me genera conflictos ¿es o no es de este mundo?
Y yo, opinión muy personal, he llegado a esta conclusión: a pesar que no es de este mundo, nosotros que si lo somos debemos luchar por hacerlo brillar en nuestra sociedad. El Reino es un lugar donde impera la justicia, la solidaridad, la esperanza, la compasión y sobretodo el amor, porque Dios es amor y donde hay amor allí está Él.
Probablemente como a mí esto me genera algo de conflicto, ya que hemos crecido con la idea que debemos trabajar por el Reino de los cielos, conformándonos con lo que tenemos, agachando sumisamente la cabeza, con lo que tenemos, pero aquí hago propias las palabras de José Luis Cortés “Como están las cosas NO me saben a Dios”A partir de esto ya puedo discernir sobre Jesús ¿Quién es para mí Jesús? ¿Por qué lo sigo? ¡qué tiene Él que no tenga Sócrates, Platón o Aristóteles? Yo ya he tenido mi respuesta Él me da a conocer a Dios, al verdadero Dios.
Pero no es un Dios cualquiera, sino un Dios que es amor y misericordia: UN DIOS QUE ESO OTRA COSA. Hoy que celebramos a Jesús Rey del Universo, me pregunto ¿Rey de qué o de quién? La respuesta lógica sería: “De mi vida” y eso me cuestiona ¿verdaderamente será Mi REY, lo vivo con TODO lo que soy o me quedo sólo con lo superficial? Las personas que se me acercan ¿sienten que yo vivo por y para Jesús? Ese es, para mí, un buen examen de conciencia.La invitación que hoy me hago es a vivir coherentemente mi amor por Jesús, que ese amor que siento y por el que vibro me mueva a valorar más a mis hermanos a solidarizarme con los más necesitados, a respetar a TODOS los seres humanos, sea hombre o mujer, maya, chino, iraní, musulmán, judío o ateo, al final de cuentas en cada uno de ellos habita Dios, porque en realidad no entiendo como hay mucha gente que hace mucha reverencia ante el sagrario y al salir no se digna de saludar a quien está a su par; nos preocupamos más por no recibir la comunión en la mano, mientras pasamos de largo el trato digno a las demás personas.Decir que Jesús es mi rey es hacer vida su proyecto, su misión, su mensaje es anunciar con nuestra vida que hay un mundo más digno, un mundo como el que estaba preparado desde siempre para nosotros un mundo como el que Dios manda, sólo así, con respeto, con amor y solidaridad podemos decir que Jesús es nuestro Rey, porque de nada sirve anunciar a Jesús con nuestros labios, si nuestro corazón no se conmueve con nuestros hermanos.
Y yo, opinión muy personal, he llegado a esta conclusión: a pesar que no es de este mundo, nosotros que si lo somos debemos luchar por hacerlo brillar en nuestra sociedad. El Reino es un lugar donde impera la justicia, la solidaridad, la esperanza, la compasión y sobretodo el amor, porque Dios es amor y donde hay amor allí está Él.
Probablemente como a mí esto me genera algo de conflicto, ya que hemos crecido con la idea que debemos trabajar por el Reino de los cielos, conformándonos con lo que tenemos, agachando sumisamente la cabeza, con lo que tenemos, pero aquí hago propias las palabras de José Luis Cortés “Como están las cosas NO me saben a Dios”A partir de esto ya puedo discernir sobre Jesús ¿Quién es para mí Jesús? ¿Por qué lo sigo? ¡qué tiene Él que no tenga Sócrates, Platón o Aristóteles? Yo ya he tenido mi respuesta Él me da a conocer a Dios, al verdadero Dios.
Pero no es un Dios cualquiera, sino un Dios que es amor y misericordia: UN DIOS QUE ESO OTRA COSA. Hoy que celebramos a Jesús Rey del Universo, me pregunto ¿Rey de qué o de quién? La respuesta lógica sería: “De mi vida” y eso me cuestiona ¿verdaderamente será Mi REY, lo vivo con TODO lo que soy o me quedo sólo con lo superficial? Las personas que se me acercan ¿sienten que yo vivo por y para Jesús? Ese es, para mí, un buen examen de conciencia.La invitación que hoy me hago es a vivir coherentemente mi amor por Jesús, que ese amor que siento y por el que vibro me mueva a valorar más a mis hermanos a solidarizarme con los más necesitados, a respetar a TODOS los seres humanos, sea hombre o mujer, maya, chino, iraní, musulmán, judío o ateo, al final de cuentas en cada uno de ellos habita Dios, porque en realidad no entiendo como hay mucha gente que hace mucha reverencia ante el sagrario y al salir no se digna de saludar a quien está a su par; nos preocupamos más por no recibir la comunión en la mano, mientras pasamos de largo el trato digno a las demás personas.Decir que Jesús es mi rey es hacer vida su proyecto, su misión, su mensaje es anunciar con nuestra vida que hay un mundo más digno, un mundo como el que estaba preparado desde siempre para nosotros un mundo como el que Dios manda, sólo así, con respeto, con amor y solidaridad podemos decir que Jesús es nuestro Rey, porque de nada sirve anunciar a Jesús con nuestros labios, si nuestro corazón no se conmueve con nuestros hermanos.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Un ejemplo de FE
Hace pocos días el santo padre
Benedicto XVI inauguró, en el marco del Sínodo de los Obispos y de las
celebraciones del 50 aniversario del Concilio Vaticano II, el Año Santo de la
Fe. Un año en el cual los católicos de
todo el mundo tendremos la oportunidad de evaluar y celebrar la fe que se nos
ha transmitido. En teoría me centraría
en un breve comentario sobre la Porta Fidei, pero hoy el Espíritu Santo me ha
dicho que reflexione con algo más palpable, un caso que ha conmovido a mucho,
que incluso se ha escrito una canción.
Reconozco que si algo disfruto es
ver la televisión española. El pasado uno de noviembre, día en que celebramos a
todos los santos, vi una noticia que me entristeció: en una fiesta de Halloween
cinco jóvenes fueron aplastados por razones que aún no se han esclarecido,
hasta ese momento tres habían fallecido, dos se encontraban en el hospital, una
de ellas era Belén Langdon.
Una amiga española, en su cuenta
de twitter colocaba lo siguiente: “#TodosconBelén Un ángel se nos ha adelantado”
inmediatamente intentamos averiguar que
pasaba, así el mundo se enteraba de la muerte de una chica de 17 años llamada
Belén. Pero ¿Quién era Belén? Es una muy
buena pregunta, una joven como cualquier otra, que estaba en una fiesta, la
sexta hija de un matrimonio católico, que había dicho que quería donar sus
órganos. Luego del accidente
inmediatamente sus amigos hicieron una cadena de oración, la familia nos dio un
gran ejemplo de confianza en Dios: “Ella ya está en sus manos, a nosotros nos
queda esperar su voluntad” fue el mensaje, parafraseado, que dijo su hermano
Borja. Así falleció una joven, auxiliada
por el amor y la fe de una familia que esperaba en Dios.
Muchas veces a lo largo de la
vida podemos preguntarnos: ¿Será que Dios quiere que todo esto suceda? La
respuesta es más que obvia: NO. Me ha
sorprendido la respuesta que se ha tenido acerca de este caso, pero más aún me
ha sorprendido la reacción de la
familia, en esas dificultades se abandonan a Dios, como lo hiciera nuestra
Madre María. Y es que eso es la fe, una
confianza absoluta en Dios, que siempre quiere lo mejor para nosotros, una
certeza que, aunque no entendamos, Él nos ha prometido que está con nosotros.
En estos momentos de dificultad
que vivimos, la fe es nuestra respuesta, esa fe que nos motiva a ir siempre
adelante, porque nos sabemos acompañados por aquel que es Amor: DIOS.
Luis Alberto Guiguí
EPJ 140
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Discurso de despedida...
Es cierto que a lo largo de mi vida he escrito
mucho, sobre muchas cosas: política, religión, amor, Dios; pero siempre han
quedado muchas cosas en el aire, palabras que nunca dije, silencios que se
volvieron cómplices, miradas que lo dijeron todo. Hoy al atardecer de mi vida lo único que
puedo decir es: ¡Muchas gracias! Gracias a la vida que he llevado, y a Dios
quien me permitió vivirla. Hoy luego de
un largo camino recorrido, luego de todos estos sueños que he llevado a cabo
puedo decir muy complacido: Señores, ¡He vivido!
Claro, como lo dijo el poeta,
este camino, esta historia, mi historia, no ha sido fácil, en ese trayecto
lloré, reí, comí, gocé, cumplí sueños, me gané frustraciones, pero puedo decir
que en todas y cada una de estas sensaciones hubo alguien que me acompañó:
Dios. Estoy convencido que fue Él quien
estuvo sentado conmigo en los autos, buses, aviones y trenes en los que me
transporté, Él siempre ha sido una presencia real en mi existencia. Para nadie es un secreto que soy hijo de una
gran mujer, ella siempre me ha reflejado el amor de Dios, que es Padre y Madre,
Él me regaló un padre que me enseñó a ser hombre y lo que ello representa. A ellos dos quiero agradecerles porque yo no
he sido lo que en esencia he sido, si ellos no me lo hubieran enseñado. Fue producto de ese amor que yo llegué a
tener dos tesoros mis hermanos, con quienes nos hemos adentrado en la aventura
de la vida, hemos sido cómplices, inundamos la casa muchas veces, jugamos y lo
hicimos siempre con amor.
En este nuevo viaje no puedo
evitar recordar los lugares que conocí, la gente con la que compartí, mi
historia sin duda se ha unido a la de muchas personas, juntos nos hemos
encontrado con Dios. Espero que haya sido en su vida un
instrumento fiel, un instrumento que les haya presentado a aquel que a mí me
cambió la vida: Jesús. Me he encotrado
con muchas personas, cierto es que nunca fui perfecto, eso se lo dejo a los
santos, conocí a grandes y famosos, desde el Papa, obispos y presidentes, hablé
de tú a tú con sacerdotes, diputados, doctores y licenciados, pero eso nunca
fue un impedimento para que me tirara en el piso a jugar con un bebé, o que me
conmoviera, hasta las lágrimas, al ver a alguien sufriendo.
Quizá nunca lo dije pero lo confieso yo
siempre fui muy sensible, a pesar que casi no lloraba, traté de acompañar
siempre a los que sufrieron ¿Cuántas veces no quise abrazar a muchas personas
que enfrente de mí lloraron? ¿Qué me lo impidió? Claro la respuesta es
demasiado obvia para mí: el miedo. Si el
miedo a parecer débil o de hacerme notar como alguien dependiente. No pude evitar tener siempre aires de
independencia, de no necesitar de todas las personas, pero siempre los
necesité, mi vida está llena de rostros, de sus rostros, de los rostros de mi
familia, de mis amigos, de mis compañeros y de muchos desconocidos, que se
volvieron parte de mi vida.
No puedo evitar pensar en todos
aquellos que me presentaron a Dios, a los sacerdotes, el padre Héctor, Rolando,
Carlos, Pedro y tantos otros. Mis amigos
de la ECO con quienes juntos encontramos a un Jesús que sin lugar a dudas nos
cambió el rumbo de la vida y que no nos cansamos de dar a conocer, muy a pesar
de nuestras debilidades, a mis amigos entrañables con quienes dimos catequesis
o charlamos en muchas ocasiones, mis amigos que juntos nos acompañamos, con
quienes lloramos, reímos, nos burlamos, o sencillamente estuvimos el uno para
el otro, a ustedes sólo puedo decirles: ¡Nunca pierdan la esperanza, allí
encontramos a Jesús!
Cierto es que nunca fui perfecto,
que tuve muchos defectos, sobretodo lo criticón y lo sabelotodo, pero es aquí
donde puedo decir que fueron muchas las cosas que ignoré, muchas las cosas que
nunca aprendí, pero lo que supe, traté de compartirlo. Quiero pedir perdón si a alguien he ofendido,
seguramente no quise hacerlo.
Es así como esta historia llega a
su fin, una historia de amor, una historia en la que Dios, yo y ustedes
formaron parte, al igual que Amado Nervo puedo decir: Amé, fui amado, el sol acarició
mi faz, ¡Vida nada me debes, vida estamos en paz! Y así quiero agradecerles por estar
acompañándome en este camino que me ha llevado a Dios, al Dios del amor, al
Dios de Jesús.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Unas palabras sobre el amor...
Si hay algo en esta tierra de lo que ha escrito, dicho,
interpretado y malinterpretado, es: El amor; algunos han tratado de definirlo,
otros han contado historias acerca de esa lucha intensa que es el amor, se han
editado y producido infinidad de novelas, que en cierto sentido han
tergiversado lo que es este maravilloso sentimiento; incluso el Papa Ratzinger
nos ha escirto una encíclica sobre el tema.
El apóstol Juan define: “Dios es amor”; ya los filósofos se
han quebrado la cabeza tratando de definir a Dios y han llegado a una sola
conclusión: ¡No se puede definir a Dios!
Los antiguos griegos definían tres clases de amor: Eros, Philia y Ágape,
cada uno con sus peculiaridades. Yo los
veo más como un camino, un camino que nos lleva a Dios. Vemos, por ejemplo, en una persona, un
rostro, un amigo, un hermano (Philia) un rostro que nos transmite pasión,
deseo, atracción física, sacrificio (Eros) y en cada uno de ellos vemos a Dios
(Ágape).
Al empezar a escribir sobre esto me preguntaba: ¿Qué me
habla a mí del amor? Providencialmente
oí el llanto de un recién nacido en los brazos de su madre, claro mi memoria
voló hace diecisiete años cuando oí a mi hermano por primera vez, o hace quince
años, cuando mi hermana apareció en mi vida.
Creo que allí tuve una experiencia de amor. En esta relación fuimos creciendo los tres,
compartimos, vivimos, gozamos y disfrutamos juntos, ellos son rostros de amor
puro y sincero, que busca el bien del otro.
¿Qué decir del amor de una madre? Que sin duda quiere lo mejor para nosotros, a
pesar que haya errores, siempre querrá nuestro bien.
En el ir y venir de nuestra vida esos se convierten en
rostros que nos transmiten algo importante: ¡A Dios! Al igual que una madre, Dios quiere lo mejor
para nosotros; al igual que un hermano o amigo, Él nos acompaña en esta
aventura llamada vida, nos anima y nos muestra el camino que debemos seguir.
Mientras tanto en una pareja se puede llegar a esa plenitud
de amor, cuando libremente dos cuerpos, dos almas, se unen en una sola “Ya no
serán dos sino uno” se lee en el Génesis, cuando se prometen compañía y fidelidad,
ante Dios y los hombres. Es cierto que
se puede justificar mucho con el amor, un joven que sólo busca sexo se puede
justificar diciendo: “yo amo”, pero ¿ama en realidad? Yo estoy convencido que el amor busca el bien
del otro, la felicidad compartida “al verte feliz yo soy feliz, aunque no pueda
estar contigo” decía un poeta.
Pero si el amor se vuelve dependencia, ya no será amor,
sino, egoísmo, tú tienes algo que necesito, es allí cuando ya no somos seres
humanos, sino sólo objetos que son “nuestra propiedad”.
El amor verdadero se sacrifica por un bien mayor, una
entrega total y desinteresada, una búsqueda de rostros que nos hablan de Dios.
Al pensar todo esto me pregunto ¿Dónde está el amor de Dios
en toda esta historia? La respuesta es
absoluta: ¡Dónde no está! Al ver una flor
que tímidamente abre sus pétalos ¡Allí está Dios!, Un ave que canta ¡Allí está
Dios!, Un amigo que me abraza ¡Allí está Dios!, Mi madre que me tapa los pies y
me da un beso mientras duermo ¡Allí está Dios!, un anciano que lleva de la mano
a su esposa, después de muchos años de matrimonio ¡Allí está Dios!, Un joven
que escribe versos de amor a su novia ¡Allí está Dios!, un sacerdote entregado
que trabaja por su feligresía ¡Todo esto me habla del amor, todo esto me habla
de Dios!
Cuándo llegues al final del camino te preguntarán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y tú le descubrirás tu corazón lleno de nombres. Eso es
lo único que pido para el final de mis días, poder descubrir en mi corazón a
todos aquellos que he amado, y que me han amado, ver en ellos el rostro del
Dios del amor. Y hoy delante de aquel
que es el amor, sólo puedo decir: ¡Gracias por amarte tanto!
viernes, 31 de agosto de 2012
Respuestas a las críticas más comunes...
Mientras caminábamos por las calles del pueblo que nos
acogió en España, durante la Jornada Mundial de la Juventud, un joven le dice a
una española: “Cuando regrese a mi país, no voy a ir a la Iglesia, ya me aburrí
de tanta misa y catequesis”. Yo sentí un
balde de agua fría sobre mi cabeza: ¿cómo le voy a decir a alguien que está
alejada de la Iglesia, que yo no voy a volver?, ¿cuál era la razón de fondo por
la cual viajé hasta España?, en teoría era
para transmitir mi fe, compartirla con otros y tener una experiencia de Cristo
Vivo y presente en mi vida, algunos teníamos claro el objetivo, otros no; soy
honesto al decir que me dolió la actitud de este joven, en realidad me sentí
frustrado, pensaba que todos íbamos por el mismo objetivo.
Al regresar a Guatemala y ver los videos de la JMJ vi una
gran cantidad de videos que algunas personas habían grabado, en donde se burlan
de la juventud católica, de nuestras creencias, de nuestros líderes, la gran
mayoría eran vídeos en contra de la figura del papa, especialmente en contra de
Benedicto XVI, lo más difícil de creer es que eran publicados por católicos,
que seguramente no están seguros de sus creencias, que se sentían ofendidos por
lo que la Iglesia transmite, que buscan cualquier escusa para atacarla, pero lo
que más me cuestionó es que mucho católicos hacemos lo mismo, nos burlamos,
hacemos chistes, decimos “soy católico, pero a mi manera”, y llegué a la
conclusión que en lugar de sacar a la Iglesia del charco de lodo en el que
está, lo que hacemos es echarle más tierra.
Pero los que atacan la Iglesia han sido muy específicos en
ciertos temas, por ejemplo la pederastia, si lo hemos reconocido y nos
avergüenza, nosotros los católicos lloramos junto con las víctimas, y somos
consientes que hemos fallado al permitir el sufrimiento de seres indefensos que
lo que buscan es a Dios, y es algo que estoy seguro que se evitará, "El
rostro de la Iglesia está cubierto de polvo y es así que nosotros lo hemos
visto. Su vestido está desgarrado por culpa de los sacerdotes (...) Tenemos que
aceptar esta humillación como
una exhortación a la verdad y una llamada a la renovación. Sólo la verdad
salva", nos ha dicho Benedicto XVI, pero les apuesto que muchos de
nosotros no oramos por nuestros sacerdotes, por su vocación y fidelidad, y
apostaría que más de uno ha hecho más caso a las noticias amarillistas con
respecto a este tema, y no vemos la gran cantidad de santos sacerdotes que
tenemos, que luchan día a día por las obras de caridad, que alimentan y dan
educación a niños de escasos recursos, y que decir de las religiosas que dejan
todo de lado por seguir a Jesús en el servicio en hospitales o en zonas de
misión.
Otro punto por el que nos atacan es el tema de las riquezas
del Vaticano, que lo viví en carne propia al entrar a una de las alas de la
Basílica de San Pedro, me cuestionó de sobremanera: ¿será esta la Iglesia que
Cristo quiso, me sentía indignado, pero al salir de este museo mi vista bajó a
la realidad al ver la gran obra que Caritas Internacional lleva a cabo, al ver
a Obispos que luchan por denunciar la pobreza que es generada por las empresas
explotadoras, al pagar una miseria a sus trabajadores (en Guatemala tenemos
muchos ejemplos), ver a las organizaciones como la ODHA cuya finalidad es dar a
conocer la verdad del sufrimiento humano y muchos hemos callado, nos acusan de
que con esa riqueza podríamos alimentar a los pobres, yo diría ¡LA IGLESIA LO
HACE!, vuelvo al ejemplo de Cáritas o el caso del las Obras sociales del
Hermano Pedro o la fundación Manos Unidas que lucha contra el hambre, pero
claro eso nadie lo anuncia ¿por qué? Sencillamente porque no conviene que se
conozca el trabajo de la Iglesia, y saben lo agradecemos, porque no buscamos la
gloria de los hombres, sino, el trabajar por la construcción del Reino de Dios,
implementando el respeto a la dignidad de la persona.
También nos acusan de las muertes de la inquisición, de las
torturas vividas durante el oscurantismo, y claro hemos cometido errores, de
las muertes en la inquisición muchas fueron injustas, si, nos dejamos envolver
por el poder, y es una actitud muy humana, no es justificable, ni lo aplaudo;
pero me pregunto ¿cuántas muertes inocentes habrá generado el conflicto entre
Estados Unidos y Afganistán o Irak?, ¿no se solventaría el hambre con lo que
gastan los países para la compra de armas?, claro eso nadie lo denuncia, porque
como el poder lo tiene el país del norte, debemos agradarlo, pero es tiempo de
que los católicos seamos profetas, que presentemos, con nuestros actos, al
Jesús que comulgamos los domingos, al Jesús que nos cambia la vida, al Jesús
que trabajó hombro con hombro con los pobres, materiales y espirituales, es
tiempo que nos desgastemos por Él, por Cristo, que le demostremos a todos que
el mundo se conquista con paz y con amor, como lo hizo Él.
¿Por qué nos critican por nuestra defensa de la vida?,
pregonamos el amor, por esta razón no podemos estar de acuerdo con prácticas que
vayan en contra de la vida, las relaciones sexuales fueron ideadas para
transmitir amor, no para un placer efímero, para transmitir vida, pero como
hombres hemos desvirtuado completamente el plan perfecto de Dios, defendemos a
los que no se pueden defender, por eso no podemos estar a favor del aborto y
pregunto ¿cuál es el afán que la Iglesia apruebe estas posturas? Estoy
convencido porque reconocen la autoridad, reconocen el peso moral que la
Iglesia tiene.
Y ahora mis interpelaciones son ¿cuántas veces, como
católicos, le hemos tirado más tierra a la Iglesia?, ¿será qué somos como aquel
joven que no volverá a ir a la misa porque ya está “aburrido”?; la Iglesia
seguirá siendo atacada, y gracias a Dios, porque a la larga, como diría Ignacio
de Loyola: “Pido para la Compañía de Jesús persecución, porque si me persiguen
es que estamos por buen camino”, no buscamos elogios de los “grandes” de este
mundo, buscamos el elogio de Dios, que Él al final de nuestro peregrinar por
esta tierra nos diga: “Vengan, benditos
de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación
del mundo. Porque tuve hambre y me
dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; era extraño y me hospedaron;
estaba desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; en la cárcel y me fueron
a verme” (Cfr. Mt. 25, 34-38) y quiero para concluir dejar claro que yo
estoy convencido que esta es la Iglesia que quiso Cristo, claro hay cosas que
debemos mejorar y trabajar, pero sabemos que Él nos acompaña, es su promesa “y sepan yo estaré con ustedes hasta el fin
de los tiempos” (Cfr. Mt. 28, 20), esta es mi Iglesia y soy feliz en ella. miércoles, 15 de agosto de 2012
Unas palabras de ánimo
Hace un par de semanas viví un momento muy especial, acompañar a unos jóvenes en su retiro previo a vivir el sacramento de la Confirmación, uno de esos momentos más especiales, sin duda alguna, fue cuando ellos se reconciliaban, muchos de ellos no lo habían hecho desde su primera comunión, pero uno de ellos me marcó, y creo que incluso me ayudó a ver una nueva forma de actuar, este joven se me acerca y muy asustado me dice que no se quiere confesar, por qué, según él, no tendría el perdón de Dios, ya que se consideraba “muy pecador”; más aún me sorprendió un comentario que me hizo: “Quisiera que nada de esto haya pasado”. Esto me motivó a preguntarme: ¿Por qué alguien se siente tan sucio para no pedir perdón? ¿Será que nuestros pecados son tan fuertes que no merecen perdón? ¿Qué es tan fuerte para que alguien quiera cambiar su pasado?Quizá sean cuestiones personales, pero me han ayudado a mí, como persona, a ver nuevas formas de actuar. Considero que muchos quisiéramos cambiar muchas cosas de nuestra propia vida, el lugar en el que nací, o la gente que está a mi alrededor, quizá cambiar características muy propias de las personas, no lo sé, sólo sé que muchos quisiéramos hacerlo o por lo menos lo hemos pensado.
Al conversar con este joven me di cuenta de la gran cantidad de afecto y aceptación que nos hace falta como seres humanos, ¿cómo es posible que rechacemos a alguien sólo por qué son “diferentes”? Cuando en realidad lo que nos deberíamos preguntar sería: ¿Quiénes no son diferentes? Los hombres y mujeres fácilmente juzgamos, nos reímos e incluso rechazamos a alguien y no nos percatamos de lo que hay en el interior de cada uno, tratamos a las personas como un objeto nada más, que las usamos a nuestro antojo y luego las dejamos de lado.
La verdad me preocupó la situación, cómo este joven, seguro hay muchos más, que se sienten incomprendidos e incluso ofuscados por su situación y esa misma noche me preguntaba: ¿Qué he hecho yo?, rechazo siempre ha habido pero ¿He rechazado yo a alguien? Me entristeció ver cómo incluso no nos podemos acercar a Dios, porque pensamos que Él mismo nos rechazará, como si Él fuera como nosotros. Cuando en realidad el mismo Jesús nos muestra un nuevo rostro de Dios, un rostro de amor y misericordia, que sale al encuentro del hijo que despilfarró todos los bienes que se le había dado, y que lo recibe y más aún le hace una fiesta (Cfr. Lc 15, 11-32).
El problema de fondo es que nos han enseñado a sentirnos culpables e indignos delante de Dios por nuestras debilidades, ya que no creemos en el Dios que nos presentó Jesús, ese Dios que sale a nuestro encuentro. Al hablar con este joven me recordé de los momentos en que más débil me he sentido y recuerdo que son los momentos en los que más cercano siento a Dios, apoyándome y dándome fuerza para continuar.
Por problemas familiares, sociales o de amistades, nos sentimos solos, creemos que el mundo se viene sobre nosotros que ya no hay más que hacer, es allí cuando se siente la presencia de Dios acompañándote.
Al analizar estas situaciones veo mi vida y el proceso que yo mismo he venido haciendo, soy hijo de una madre soltera, que se unió a un hombre, mi papá, cuando tenía cuatro años, he de decir que eso había generado conflicto en mí, luego llegaron mis hermanos y ya no era yo el “preferido”, pero aún así, logré salir adelante, cierto guardé mucho rencor a mi “padre” biológico, rencor que logré sanar y sobretodo perdonar, fue allí, al perdonar, el momento en el que logré ser feliz.
Es cierto que no considero que mi vida haya sido fácil, pero lo que he vivido lo he abrazado y, como me dijo en una ocasión un sacerdote amigo mío, la convertí en mi Historia de salvación, no vi esa etapa de mi vida ya, como algo doloroso sino, por el contrario, como un hilo, hilo que se convirtió en un hermoso tapete una tela que sin dudas es única, porque es la mía. Luego de todo esto llegó algo importante en mi vida: el Encuentro, un encuentro en el que me topé con el hombre que cambió mi existencia totalmente: JESÚS. Fue en un retiro en que me di cuenta de algo, que no lo había aceptado, que ya conocía a Jesús, pero que no le creía como tal. Fue durante cuatro días en los cuales entablé relaciones que durarán para siempre, donde encontré verdaderos amigos y, lo más importante, me reencontré con la alegría que tanto había buscado, esa alegría que va acompañada de la paz, que sólo puede venir de Jesús.
Por ello todas las preguntas que me hice al inicio ayer obtuvieron respuestas, en misa mientras todos cantábamos y bailábamos alegres, con esa alegría que sólo puede venir de Dios llegué a la conclusión que no hay nada más grande que Dios, que incluso el pecado nuestro no es tan importante sino Dios que sale a nuestro encuentro.
Allí sentado en esa capilla que tantos recuerdos me trae me pregunté ¿Qué le podrías decir a este joven, que no le encontraba sentido a su vida? La respuesta sólo pudo venir del Espíritu Santo, que más allá de encontrar algo que hacer, se trata de encontrar a alguien que le dé sentido a nuestra vida, ese es Jesús. Que no importa lo que se haya vivido, sino lo que me queda por vivir, que no importa tanto cuanto me han amado, sino cuanto YO he amado, que no importa para donde vaya, o mejor dicho, si aún no he encontrado para dónde ir, la certeza de que Dios me acompaña debe ser prioritaria.Así, con estas palabras le diré a mi amigo la próxima vez que lo vea: “Ánimo, se valiente, ¡Yo he vencido al mundo!” (Jn. 16, 33)
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