jueves, 20 de diciembre de 2018

Una hoja en blanco...

Hay historias que se cuentan solas, hay otras que no tienen un final memorable, sólo las recuerdas porque son tuyas...

Quizá todos quisieran contar una historia de amor, pero algunas veces únicamente se cuentas los despojos de estas, porque, siendo muy honestos, no todos fuimos hechos para grandes historias de amor... algunos nacimos para escribirlas, más aún, algunos no tienen ni la caligrafía para qué, románticamente, sea un libro que todos quieran leer.

Hoy, sin mucha decoración, quiero abrir mi corazón a estas hojas en blanco que tengo delante de mí, estas que guardarán mi historia, la mía, porque no tengo otra que contar...

Cierro los ojos, escucho la música desde la sala de mi casa y como quién escribe una misiva inicia mi viaje a lo más profundo de mi corazón, ese que guarda las cosas importantes, como una sonora sinfonía todo empieza a tomar su legítimo camino, ese que me llevará a la sorpresa.

martes, 21 de agosto de 2018

La Iglesia que yo quiero


Por Pedro Barsimón de la Barca
La Iglesia que yo quiero no tiene campanario:
Las palomas se encargan de avisar a la gente.
Les dicen: ¡Buenos días! La vida sigue viva;
¿Vamos a celebrarlo con un poco de vino?

La Iglesia que yo quiero no necesita templos;
Siempre habrá un parque libre o, si llueve, una casa
Donde las cortinas no impidan ver la lluvia.
(Donde la lluvia pueda asistir a misa).

La Iglesia que yo quiero, no necesita “Dogmas”:
Si estoy vivo, si pienso, si siento tantas cosas,
No hay que poner barreras, sino decir a todos
Que no deben sentarse antes de haber llegado.

¡Claro que en esta Iglesia habrá también un Papa!
Pero un Papa casero, con pantuflas de paño;
Más papito que Papa, más santo que “santísimo”

Y si se llama Pepe, que no le llamen Pío.

Los obispos, suelen ser gente buena.
Si no fueran obispos yo creo que serían santos;
Pero, claro, les dicen que ¡Cuidado! Y ¡Ojo!
Y los pobres acaban meando fuera del tiesto.

En la Iglesia que digo que yo quiero que sea
Ocuparán los cargos gente con experiencia
En lo que significa amar y ser amado.
Sin amor ¿De qué me sirve la superortodoxia?

Yo me imagino una Iglesia que me quiera y me comprenda
Por qué a veces me caigo, por qué a veces me escondo…
¡Para qué todo el tiempo te manden y te prohíban
Casi es mejor morirte sin que te echen el agua!

Por eso es que mi Iglesia va siempre por delante.
No se dedica sólo a decir: “Hasta Aquí”.
Si he de decirlo todo, la Iglesia que yo quiero
Resulta hasta imprudente (Porque se fía de Dios).

¿Pues qué teme la Iglesia; quedarse sin riquezas?
¿Perder su poderío? ¿Qué surjan mil herejes?
¡Hay otras herejías que son mucho peores,
Como ese tener miedo a perder tantas cosas!

No importa que la Iglesia tenga la fe muy floja;
Mientras busca y pregunta va por el buen camino.
Los sistemas teológicos tienen el gran peligro
De hacernos creer que Dios es un libro de texto.
La Iglesia que yo quiero puede que se equivoque,
Pero será una Iglesia donde cabremos todos
Y hasta probablemente estemos tan a gusto.

La Iglesia que me gusta, la Iglesia que yo quiero,
Es algo muy sencillo, cosa de gente pobre.
No se trata de ir sucios, que te huelan los pies,
Pero tampoco es eso de ir siempre de domingo.

Mi Iglesia no se engola ni anda con adornos;
Tiene humor, cuenta chistes.  La mitad de la misa
Se la pasan riendo, hasta que el cura dice:
“Ya, fieles almas, que esto es un puro cuento”

Eso sí: Como el mundo no es todavía el cielo,
La Iglesia que yo quiero anda de catacumbas.
Si tuviera dinero o influencias o amigos
Todo sería distinto; pero mejor que no.
(Una vez dijo uno: “Al menos tener algo
Para dar a los pobres o hacer nuestras campañas…”
Y los pobres dijeron: “Quien socorre a los pobres
Es porque no es tan pobre” y “Si es rica no es libre”)

“Esa no sería Iglesia”, dirán los entendidos.
No sé.  Yo siempre pienso que si a cualquier persona
Le quitamos la ropa, los oros, los títulos
Se queda en muy poquito, pero bueno y auténtico.

Y ustedes me disculpen si digo lo que siento:
Que marginados, prostitutas, borrachos y pecadores,
Huecos, drogadictos y gente de ese estilo
No se excluyan, serán su fundamento;
Porque ellos son el barro, son esos bajos fondos
Donde la carne viva del hombre está más cerca.
Desde ahí – Desnudos, libres – La invocación al Padre
Es más necesitada; Dios no es un Dios de lujo
Y el amor puede darse más puro entre los hombres
Porque se ven enteros, sin falsas fatuidades.

Ya sé que a mucha gente la Iglesia que yo quiero
No les gusta ni pizca.  Habrá que dialogarlo;
Pero que no nos digan que el cielo va a ser luego
Como esta pobre Iglesia sabe tanto a polvo
Porque así es que no van a sacar ni para pagar
A la señora de los lavabos.

Jesús.

*Tomado de "Un Señor como Dios manda", de José Luis Cortés. 

domingo, 15 de julio de 2018

Desde mi corazón, para ti...

Hace mucho que no escribo... pero hoy dejo mi temor para volver a expresar mis palabras, para decirte muchas cosas que llevo dentro.

Desde hace un par de días he pensado, quizá no todos somos creados para ser poseedores de una gran historia de amor.  Quizá algunos estamos aquí para ser cometas, estrellas fugaces en la vida de las personas que nos rodean.  Quizá, sólo quizá, algunos estamos aquí para cambiar, no tengo claro qué, pero cambiar algo.

Llegaste a mi vida, y mi vida se revolucionó, poco a poco compartimos vida, compartimos lo que llevamos dentro, nuestras alegrías, penas y tristezas, nuestros temores y nuestros sueños, poco a poco te convertiste en alguien importante. 

Siempre he querido lo mejor para ti, aunque a veces no lo sepas ni tú, quizá por eso es el momento de decir adiós, porque quizá los caminos deben iniciar un nuevo camino, uno que nos lleve a convertirnos en mejores personas. 

Me duele pensar que busque lo definitivo en lo provisional, me duele pensar que cambies lo efímero por lo que da verdadera alegría y verdadero amor... pero vamos, seamos honestos, eso es lo que yo pienso, ahora toca dejarte ser, dejar que  vueles... porque sabes, aquí en mi peche siempre tendrás un lugar al cual puedes volver...

viernes, 9 de junio de 2017

Treinta razones por las que estoy agradecido…

Una vez más la tierra vuelve a dar un giro alrededor del sol.  Una vez más las tardes lluviosas de junio preceden mi agradecimiento profundo por tanto bien recibido… Han sido treinta años desde aquel miércoles cuando, con un grito, inició mi vida. 

Han sido treinta años de aprendizajes, de subidas, bajadas, lágrimas, risas, noches increíbles, noches de profunda soledad.  Hoy con un corazón abierto quiero compartir, con todo aquel que quiera leerme, los aprendizajes que generan en mí el agradecimiento profundo, hoy quiero compartir con todos, esos detalles que brotan de la mente y el corazón, que han hecho lo que hoy soy…
1.       Por todas aquellas personas que me han acompañado y que me han provisto de lo necesario para vivir….
2.       Por las primeras palabras de mi madre cuando nací, palabras que todavía hoy me sirven de impulso para seguir: “Te amo mi bebé”.
3.       Por los detalles que hicieron que amara a mi padre con todas mis fuerzas.
4.       Por cada palabra, juego, risa, golpes que tuve con mis primos, mientras me aventuraba en este camino llamado vida.
5.       Por las tardes de café con champurradas a las cuatro de la tarde en casa de mi abuela.
6.       Por la comida que mi tía Chenta hacía para las grandes celebraciones familiares, esas que hace tanto no vivo…
7.       Por las madrugadas que mi mamá me levantaba para ir al colegio, con el riesgo que mi tía la regañara porque me bañaba, gracias a ello no hay día que no lo haga…
8.       Por los cantos de alabanza que mi tía Ita me enseñó y que me iniciaron en el camino a Dios y que hoy no he abandonado.
9.       Por la carne adobada que mi madrina, siempre tenía.
10.   Por las escapadas con mi prima para ir al súper, la iglesia o la casa de mi abuela.
11.   Por las primeras oraciones que mi mamá me enseñó, que todavía hoy me ayudan a superar mis temores.
12.   Por los viajes que tuvimos, que me mostraron un país que me llena de orgullo y por el que deseo trabajar.
13.   Por la oportunidad de ver los primeros pasos que dio mi hermano y que hoy ya se estrena como padre.
14.   Por aquella tarde de enero cuando cargué por primera vez a mi hermana, ese día tomó mi dedo índice y desde ese día no ha soltado mi vida.
15.   Por las travesuras que hacíamos juntos, como inundar la casa.
16.   Por los conciertos que dábamos, donde la cama de mis papás era el escenario.
17.   Por las tardes de hacer tareas juntos.
18.   Por el primer día de colegio, donde conocí gente con la que aún hoy tengo relación.
19.   Por el primer libro que leí por placer… como aquel que compré con mi primer sueldo.
20.   Por los planes que hice y que he visto cumplirse.
21.   Por la primera vez que me enamoré, y por la primera vez que me rompieron el corazón.
22.   Por las amistades que ya forman parte de mi vida, esas que iniciaron en una clase, en un hall del seminario, en un pasillo de la universidad.
23.   Por los ojos almedrados que me enamoran y que hacen que le rasque la panza.
24.   Por aquellas palabras que me hicieron darme cuenta que Dios no me juzga, sino que me ama: “Cuando Dios te hizo, vio que estabas muy bien hecho”.
25.   Por la pregunta que me ha hecho pensar siempre “Joven, ¿con qué clase de amor quiere envejecer?”
26.   Por las noches de teatro, danza, café, vino, cerveza, baile, escapadas y besos fortuitos.
27.   Por las confesiones que han dado acceso a amistades que durarán toda la vida.
28.   Por los amigos que más que amigos son hermanos.
29.   Por quienes han sido guardianas de mis lágrimas y de mis sueños, porque con su presencia se enriquece mi vida.
30.   Pero, por sobre todo, por la oportunidad que me ha dado Dios de llegar a esta edad, por la oportunidad del sentirme acompañado por Dios que ha mandado ángeles llamados familia y amigos…

Han sido treinta años, han sido experiencias, han sido momentos, han sido detalles, han sido nombres y rostros, ha sido vida… con todos esos sentimientos, con mi corazón abierto y en paz, no me queda más que decir ¡Gracias a la vida!  

lunes, 20 de febrero de 2017

¡Ey, príncipe azul!

¡Ey, príncipe azul! Hace una semana te vi bailando con tu princesa, era un vals de Tchaikovsky… te vi muy enamorado, en los ojos de tu amada se reflejaban los tuyos.  Fue una noche mágica.  Tus amigos, otros príncipes, acompañados por sus princesas, que radiantes bailaban a la luz de la luna. 

Te vi, y no pude dejar de pensar en ese alguien especial, ese alguien que he esperado para tomar su mano y recostar mi cabeza en su hombro… te imaginé, alto, galante, varonil, valiente, que tuvieras los brazos fuertes para poder defenderme en las adversidades.  Pero también te imaginé inteligente, de buenas maneras, alguien a quien podría presentar en mi círculo social.

Esa noche a la luz de las velas, te sentí muy cerca, sentí tu gallardía al lado de mi corazón… sentí que podría ser la princesa que tanto necesitas, esa bella dama, silenciosa, prudente, elegante.  Imaginé como bailábamos, como todos los demás príncipes y princesas nos veían con envida… Casi escuchaba las voces de los demás que decían: “Vean esa hermosa princesa, bailando con ese galante príncipe….”

Luego vino el miedo ¿cómo una princesa como yo, podría estar al lado de un príncipe como tú? Tuve mucho miedo, sentí pena por mí, por mi aspecto, por mi actitud… debía ser la princesa que todo príncipe necesita.  Allí a la luz de las velas vi mi reflejo y desperté de mis sueños…

Volví a mi realidad, en ese mismo espacio, en ese mismo salón, con esas mismas velas, pero con otras personas, con otros rostros, con otras actitudes… dejé de lado la ilusión de buscar príncipes azules, hadas y sirenas, todo ello no podía ser.   Vi a mi alrededor, vi mi realidad, y vinieron a mi mente nuevas cuestionantes…

¿Por qué tendría que cambiar yo para que alguien más me aceptara?  ¿Tengo que ser yo la princesa sumisa y silenciosa que todo príncipe esperaría? ¿Debo bajar mi nivel de brillo para que un príncipe brille?

-¡Basta! – Me dije… - no quiero ser esa princesa, no puedo ser esa princesa…

Y allí, en medio de ese vals, en medio de ese salón lo deduje. No necesito, no quiero un príncipe azul… quiero un hombre de verdad, un hombre tenga sus propios sueños y aspiraciones, pero que respete las mías. Un hombre que lea, que se informe, que no tema bailar en público, que pueda presentarlo y que me presente.  Un hombre con quien podamos construir juntos un futuro prometedor, pero con la certeza que si algún día termina, mi vida no terminará con él, sino que, será el inicio de una nueva vida…



martes, 26 de enero de 2016

Cuando tenga setenta años

Cuando tenga setenta años, veré en retrospectiva, quizá me sentaré en el sillón de mi casa a observar imágenes de lo que un día fue, veré rostros, recordaré nombres, contaré historias.  Como aquellos viajes que hice, lo que me reí, lo que lloré… A los setenta años ya no guardaré rencor, mi odio por aquellos que me hirieron, ya se habrá evaporado… Recordaré con nostalgia a los que amé, a los que me amaron, y también a los que no.

Recordaré la alegría de mis perros al llegar a mi casa, o la preocupación de mi madre, o el olor de la comida de mis tías.  Me alegraré de recordar los libros que leí, los poemas que declamé, las clases que impartí, todo lo que aprendí. Sin nostalgia recordaré amores fallidos, o palabras que no quise decir o escuchar.  Recordaré con orgullo las cicatrices que me hice al amar, al soñar o a ayudar a alguien, aunque muchas de ellas fueron producto de caídas, quizá tontas…

Quizá recordaré detalles puntuales, de gente que marcó mi vida… como las notas de voz con marimba de fondo, las noches de vinos y quesos, hablando de la vida.  Aquellas bodas en las cuales fuimos la pareja perfecta, porque utilizábamos el mismo color de corbata y vestido.  Los momentos en que tomábamos una cerveza, fumábamos un cigarro y bailábamos hasta el amanecer… La primera vez que compartimos nuestros temores, a la luz de la luna, o con una copa de vino, o la espera de un bus en un lugar que me causaba temor.  O quedarnos de último en las fiestas, para charlar con un café… Recordaré las presentaciones de teatro, danza, poesía, conciertos, momentos memorables… 

Recordaré con quienes he llorado y a quienes he visto llorar, reiré por las vergüenzas que pasé o hice pasar. Recordaré la primera vez que los vi, en el parqueo de una iglesia, en el hall de un seminario, bailando en un bar, o en el aula de la universidad… Recordaré a la primera que me regaló flores, o los dulces pasteles del cumpleaños de algún amigo… quizá recuerde la ansiedad de un examen, o los momentos incómodos cuando presentaba a los que me rodeaban… Recordaré las llamadas o mensajes a media noche, que a veces llegaban hasta la madrugada, con el simple hecho de compartir, o simplemente chismear. Las escapadas de clases, o las llegadas tarde a casa, porque lo hacía con alguien importante.

También recordaré los momentos no tan agradables, como cuando lloramos juntos, por la pérdida de alguien querido, o cuando tuvimos que decir adiós…


Quizá lloré, quizá reí, quizá canté o quizá amé… Cuando llegue ese día, tomaré, otra vez, una copa de vino entre mis manos, encenderé un cigarro, contemplaré mi vida, y abriré mi corazón, que está lleno de nombres y rostros. 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Escucha atento, es el momento de que me oigas… Durante mucho tiempo he permanecido inválido, durante mucho tiempo guardé en mi corazón muchos secretos… Como la primera vez que te vi, o quizá, la ocasión en que te hablé.

No sé si todo lo que significaste para mí, yo, signifiqué para ti… francamente ya no me importa, lo que sé es que ya nada de eso pasará, hoy todo acabó, sin pena ni gloria, con unas palabras mal dichas, unos silencios cómplices, comentarios que se han ido de nuestras manos.

Con cuánto anhelo desee que compartiéramos la vida, hoy sé que eso no sucederá, quise un futuro, pero veo que el futuro no está a tu lado… no me aterra, me da nostalgia.  No lloro, río, por lo que esperé, que no sucedió.

Fueron abiertas heridas que no han cicatrizado, quizá no tuve el tino de cerrarlas… Hasta ayer le confesaba a mi almohada cuando te quise, fue quien custodió mis lágrimas.  Hasta ayer traté de buscarte, pero para esto debo estar en paz conmigo mismo, debo perdonarme por tanto daño que te he causado, y pedirte perdón, perdón por amarte, por ignorarte, por lastimarte…


Mientras te pienso, veo este cielo maravilloso de diciembre, con el humo de un cigarrillo imagino, como éramos antes de que todo esto sucediera… y desde el corazón me nace un… ¡Hasta siempre, extraño! 

miércoles, 4 de febrero de 2015

¿Qué habremos hecho mal?

El domingo pasado, como casi todos los domingos, fui a misa, algo que hago por verdadera convicción.  Luego de ello, al salir, caminé hacia mi casa, momento que aprovecho para meditar en lo que acababa de celebrar, reflexionar sobre el mensaje que D**s me quiera transmitir, no está de más decir que este domingo sucedió algo que, por lo general, hago en mi vida.  Mientras caminaba pensaba: ¿qué habremos hecho para que las iglesias, cada vez, haya menos personas, y, más específicamente, menos jóvenes?

Cierto es que hay muchos, me cuento entre ellos, jóvenes que se comprometen con causas eclesiales, que, de una u otra manera, se acercan a los sacramentos, pertenecen a alguna clase de grupos juveniles, pero, son cada vez más, los jóvenes que sencillamente ya no encuentran en la Iglesia la acogida que esperan.

Por mi trabajo y mi relación con jóvenes universitarios, puedo constatar que son muchos los que necesitan a Dios, los que creen, los que buscan, pero, aquí radica mi cuestionante: ¿por qué no buscar a D**s en la Iglesia? Quizá yo mismo sea la respuesta.

Me duele pensar que, en esa búsqueda desesperada, nosotros, como Iglesia, no respondamos a lo que los jóvenes necesitan.  Quizá nos hemos dedicado más a condenar que a acompañar los procesos de vida.  Probablemente nos hemos peleado más por la comunión a divorciados, que trabajar por alimentar a los pobres o, tal vez, hemos abandonado el mensaje de Jesús, para cumplir puros preceptos morales.

Me pongo a pensar en todos aquellos jóvenes que, buscando amor, no saben encontrar en nosotros, quienes espero conozcamos a Jesús, les podemos ofrecer.  Pienso en cuanto bien pudiéramos hacer si, tan solo, dejáramos de condenar para poder encaminarnos al amor.  A veces, solo a veces, necesitamos ser más humanos y menos robots, quizá, cuando de verdad veamos en los ojos de los otros, el rostro de Jesús, podamos convertirnos en verdadera comunidad.

Siento, en mi corazón, el deseo de ser más comunidad y menos institución, en dar más vida, que normatividad moral, en ser más opción y menos obligación, en más camino a seguir, que muros por saltar. 


Ojalá, algún día, podamos salir de nuestra zona de confort, ir, en palabras del papa Francisco, a las trincheras, para buscar a las ovejas que tanto amó Jesús, esas que andan buscando, sencillamente, algún rostro que les demuestre el amor de D**s. 

sábado, 10 de enero de 2015

Reflexiones de un momento...

Por un breve momento, en el devenir de mi propia historia, he dejado de lado mi afán por escribir sobre asuntos teológicos, que tanto me apasiona, quizá, sencillamente es el momento en el cual debo escribir sobre aquello que me conmueve, o quizá sobre aquello que me molesta.
Pero, siendo franco, son pocos los que lo leerían, y aquí estoy siendo bastante iluso al pensar que son muchos los que me leen, hoy, sin embargo, quiero detenerme a expresar lo que tanto miedo me causa y eso, como todo ser humano, es la muerte.

Hace pocos días, un buen amigo perdió a su padre y, curiosamente, en una conversación con una tía, recordamos muchos momentos que vivimos con algunos familiares que ya no están.  Esa noche, mi pensamiento osciló en ¿qué haré cuando todos ellos, los que han escrito conmigo mi historia, ya no estén?

Contestar esto no es simple, quizá me coloca hasta nostálgico, pero quiero revivir algunos momentos que, espero, el papel no borre:  el primer día que tuve a mis dos hermanos en mis brazos, de eso hace veinte años, y aún hoy, brota el deseo de protegerlos; el olor del café de la mañana, que, con mucho amor, nos hace mi mamá; el suave aroma de plátanos fritos, al llegar a casa, un viernes por la tarde; la primer cerveza que tomé con mis amigas; el dulce momento cuando, con amigos, comimos algún pastel; o quizá el aroma del bosque una tarde en Ejercicios Espirituales.

Creo que todo ello me responde a la pregunta, no sé lo que haré en ese momento, porque no quiero vivir afanado por el futuro, quiero, vivir este momento, en el cual mi vida va adquiriendo una ruta, para llegar al amor…


sábado, 29 de noviembre de 2014

Del adiós y otros demonios…

Reconozco, a título muy personal, que soy un romántico empedernido.  Confieso mi pasión por la poesía, por las novelas de amor y misterio, por la lectura ligera, tanto como por la pesada teología.  Disfruto abiertamente los pequeños placeres de la vida, muy a lo “Amelie”, desde sentir las hojas secas que se caen de los árboles, y poder romperlas, hasta detenerme al ver a un bebé que inicia a dar los primeros pasos en este camino que, algunos, llamamos vida.

He vivido relativamente poco, a mis veintisiete años, considero, he vivido muy bellas experiencias, he visto el mundo, he compartido con la gente, que es, sin miramientos, lo que más me apasiona.  En esta aventura llamada vida, han pasado por mi vida, una gran cantidad de seres humanos que me han marcado, algunos, incluso, me han cambiado de perspectiva, y miren que esto es muy difícil.

En las últimas semanas, quizá días, o incluso horas, me he dado a la tarea de reflexionar sobre una palabra que, por muy dolorosa que sea, en ocasiones hay que decir: “Adiós”

Y es que hay situaciones en la vida, que nos hacen pensar, desde cómo actuar, hasta como continuar.  Tal vez por mi forma de ser y comportarme, muchas personas con las cuales nos hemos topado, sin más se alejan.  Quizá, sin justificarme, podría mencionar que ello es debido a mis arranques de honestidad.  Reconozco que puedo lucir como una piedra a quien poco interesan los sentimientos de los otros, sinceramente no es así, es más a veces me importan más que los míos.

En esa línea decir adiós se ha convertido en una tarea de madurez.  Lejos estoy de ser aquel dependiente, que vean que lo soy y no lo niego, que no podía vivir sin alguien.  Hoy más que nunca, me doy cuenta que hay, y espero habrán, siempre personas que están dispuestas a acompañarme en esta aventura.  Me ha dolido, es cierto, que personas importantes se vayan, me ha dolido, pero estoy convencido, que muchos de ellos y ellas son o serán felices. 

Puedo decir, sin vanagloria, que a pesar de lo fugaz que puedo lucir en la vida de algunos y algunas, espero haya dejado alguna huella, de lo contrario, podría cuestionar mis intenciones. 

Hoy más que nunca, pongo en esta hoja en blanco, con tinta de colores, mi corazón abierto, y pido perdón sí, con mi sinceridad, he dañado, lastimado ofendido; incluso pido perdón sí, con autenticidad, he expresado mis sentimientos, “algo tan estúpido como un Te amo” en palabras de Sinatra, reconozco que en este ejercicio de despedida, a veces, también, quiero sentirme querido, pero no pretendo obligar a nadie hacerlo.


Hoy me despido de esta parte de la historia que me ha causado dolor y que ha sacado mis peores demonios.  Cierto que he llorado, cierto que he pensado, pero hoy quiero ver volar todo aquello que ya no está.  Porque, de esto estoy convencido, siempre tendré en mi mente y mi corazón, esos momentos, palabras, emociones que quizá vivimos o quizá inventé…

jueves, 25 de septiembre de 2014

El problema es la polarización

En los últimos días, todas las redes sociales se han llenado acerca de opiniones en torno a la conferencia que, magistralmente, dio Emma Watson ante una comisión de la ONU.  He escuchado el discurso y me he dado a la tarea de leer lo que se ha escrito acerca de ello. 

Por principio, hay un gran número de personas que la apoyan y otros, más conservadores no, sobre todo por la utilización de la frase “yo decido sobre mi cuerpo”  y “feminismo”.  Ante estos argumentos, me he dado a la tarea de analizar estas posturas y, como es costumbre, llegar a una opinión personal, que puede estar errada, pero que es mía y por ende la defenderé.

Desde esa perspectiva, considero que el gran problema es la polarización de la opinión, o algo es completamente bueno o algo es completamente malo, dándole tintes moralistas a algo que no corresponde.

La respuesta reaccionaria de una parte de ciertos sectores sociales, siempre me ha dejado en que pensar, especialmente si yo formo parte de estos sectores.  Creo, a su vez, que el problema de la polarización es que ambas partes quieren arrastrar a los contrarios, tratando de convencer de que los otros son los que están mal y que por ende deben rectificar su postura, anulando completamente la diversidad de pensamiento.

En realidad el problema es muy grave, ya que ella está implicada de ataques personales a las personas que tienen una postura, aunque sea mínima, distinta a la que “debería ser”.  Pero allí es donde me pregunto ¿qué es lo que debería ser? , sencillamente no tengo una respuesta para ello.  Pero de algo estoy convencido, todos y todas tenemos derecho a pensar, sentir y proceder de la forma que convenga, toda vez no afectemos los derechos de otro ser humano. 


Me pronuncio a favor de la libertad de pensamiento, incluso dentro de los sectores a los que pertenezco, eso, sencillamente, porque soy un hombre que piensa, si Dios me hubiera creado robot, seguro diría lo contrario.  Claro está, esta defensa va, también, a los que no piensan como yo, si no ¿qué ejemplo estaría dando? 

jueves, 10 de julio de 2014

¿PECADO ORIGINAL O PECADOS ORIGINALES?


A lo largo de la historia de salvación, se ha presentado el pecado original como, la acción o la falta que han cometido nuestros primeros padres, Adán y Eva, pecado que, a su vez, heredan a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta llegar a nuestros días.

Esto plantea una dificultad, desde la humanidad, que puede presentarse como incomprensible ¿cómo puede heredarse un pecado de dos seres que no existieron?  Cualquier persona coherente, con dos dedos de frente entendería el planteamiento anterior, al final de cuentas la teología moderna ha predicado ello.

Por ello quiero partir del supuesto, que no podemos mezclar ambas posturas, que nos llevan a una mezcolanza que, lejos de acercarnos a D**s[1]nos aleja de Él, ya que queremos encasillar a D**s en un proceso científico, cumpliendo una serie de pasos.  El Génesis, más que presentarnos el origen del mundo, de cómo sucedió, nos quiere presentar el para qué se ha creado el mundo.

Hoy muchos siglos después de que fue redactado el Génesis, la humanidad entera ha evolucionado en el proceso científico, se han presentado diversas teorías de cómo surgió el planeta y la vida en el planeta.  

Hoy tenemos presente la teoría del Big Bang[2], la evolución de las especies[3], lo cual me lleva a preguntar ¿esto deja a D**s por fuera? La respuesta, a mi modo de ver es: NO.

El texto bíblico más allá de presentarnos un proceso realista de la creación, nos quiere presentar la razón por la cual hemos sido creados.  D**s crea al ser humano, como diría Ignacio de Loyola,  para alabar, hacer reverencia y servir a D**s, Nuestro Señor, y mediante esto, salvar su alma.[4], o en palabras de Ireneo de Lyon “Gloriam Dei, hommo vivens” La gloria de Dios es el hombre – y la mujer – que viven.  Pero cualquier persona me podría cuestionar: entonces el pecado ¿en dónde queda?

La respuesta podría ser muy compleja, pero más allá de la causa inicial, es la intención.  El ser humano, por naturaleza, es un ser bueno, noble, que busca la bondad.   Pero es menester hacer notar, que, a lo largo de su historia, el ser humano se ha dejado llevar por el egoísmo, por la búsqueda de su propio bienestar, de su propio placer.  Que surge, a partir de todo un sistema, que Ellys llamaría Constructo, de la sociedad, del mismo mundo en el que vive.

Por lo anterior, más allá de un solo pecado, se puede entender, de una mejor forma, tres pecados originales, que están íntimamente ligadas, con la historia de salvación del hombre y la mujer, y que es producto de un proceso meramente humano.

PRIMER PECADO ORIGINAL “Y SERÁN COMO DIOSES…”
En el libro del Génesis, luego de la creación del ser humano, producto de la tierra, vio D**s que estaba “muy bien hecho” pero es tentado por el mal, que es simbolizado por la serpiente, símbolo antiguo de la sabiduría, para que coman del árbol de la ciencia del bien y el mal.  La mujer, es la primera en aceptar el comer del fruto.

La tentación se presenta con un hermoso envoltorio de regalo, la serpiente le indica a la mujer, que si come del fruto del árbol será como dios.  ¿Cuál fue la tentación en el fondo? Siempre me ha parecido una cuestión válida.  ¿Qué significa ser como dios?  En el relato del Génesis se nos presenta el hecho que D**s estaba relacionado con el ser humano, D**s se paseaba en el jardín dónde todo fue creado.  La tentación, o primer pecado original, es, sin temor a equivocarnos, es en la soberbia, que todos poseemos, de querer controlar la misma creación.

El hombre y la mujer se dejaron envolver por esa “belleza” desconocida, seguramente el hombre y la mujer se preguntaron ¿qué se sentirá ser como D**s? ¿Tendríamos la misma capacidad creadora?

Pero más allá de ser un relato real, nos deja una gran lección: Los seres humanos tenemos un ansia, a veces descontrolada, de querer dominar todo lo que nos rodea.  Puede sonar muy burdo, pero muchos, sino es que todos, hemos querido dominar el tiempo, hemos querido que otros seres humanos hagan lo que se nos da, a nosotros, la gana. 

Este primer pecado original está íntimamente ligado con el poder, que puede ser económico, político, social o religioso, querer dominar a los otros desde nuestra propia realidad.  Es la soberbia de querer ser como dios.

La pregunta que puede surgirnos es ¿podemos dominar esta parte de nuestra vida?                  
Pero una noción que, muchas veces pasamos por alto, es el fin de este relato.  Luego de comer del fruto del árbol del bien y el mal, D**s expulsa a Adán y Eva del jardín, quienes se dan cuenta que están desnudo, tapando, aquello que es el símbolo de la belleza de la creación del cuerpo humano.  Es D**s mismo quien les cose un vestido, es D**s mismo quien les da a ellos con que taparse. Esto nos habla de la forma en que D**s se relaciona con nosotros y la visión que Él mismo tiene del ser humano, a pesar de haberse dejado llevar por la tentación de querer ser como D**s, el mismo D**s no abandona al hombre y la mujer a su suerte.  Todavía con ello lo acompaña y le teje el vestido con el cual se vestirá, y con el cual trabajará.

SEGUNDO PECADO ORIGINAL “DOMINEN LA BESTIA INTERNA”
El segundo pecado original que se nos presenta el Génesis, está narrado en el relato de Caín y Abel.  Estos eran los hijos de Adán y Eva, que quieren presentarle una ofrenda a D**s, por las bendiciones que han recibido de Él, que serán las primicias de su trabajo.

Uno de ellos, Abel, era agricultor y el otro, Caín, se dedicaba a la caza.  El momento de la presentación de las ofrendas llegó.  D**s vio con agrado la ofrenda de Abel y fue la que recibió.  Caín sintió envidia de su propio hermano.  En lenguaje figurado, podríamos decir, no dominó la fiera interna, lo que llevó a dar muerte a su hermano.

D**s, le pregunta a Caín ¿dónde está tu hermano?  Él, Caín, responde que no es el guardián de su hermano.
Este relato nos presenta una realidad puramente humana, muchas veces tenemos dentro una “bestia” que es símbolo del dominio, de la violencia que somos capaces, que se deja llevar por la envidia y el egoísmo. 
Somos capaces de matar, o de pasar por encima del otro, para hacernos notar.  Somos capaces de una violencia descontrolada, de convertirnos en puros animales, que se pierden en la búsqueda descontrolada del placer, que se pierde en el sexo animal, utilizando al otro, o a la otra,  para satisfacer una necesidad corporal, animal.  Nos convertimos en animales que no razonan, sino que se dejan llevar por lo corporal, por lo hormonal, pero no hay más allá. 

El símbolo de la bestia es lo que nos podemos convertir, si no somos capaces de dominar la bestia interna, nos perdemos en la búsqueda del placer.  Porque algo que no tenemos que olvidar es que somos seres racionales, con sentimientos y corporalidad.

Sigmund Freud, nos presenta, desde el psicoanálisis, lo que llama “Pulsión de muerte” que es una sensación que me lleva a matarme o matar a alguien más, el ejemplo claro es el siguiente: se le pregunta a un fumador: ¿usted sabe que el fumar le puede dar cáncer? Él responde que sí, y se le puede preguntar ¿Por qué lo hace si lo puede llevar a la muerte? Esa es una pulsión de muerte, el jugar con nuestra propia vida, en lenguaje teológica sería  el no convertirnos en la bestia, que llevamos dentro.

Pero este relato también nos muestra una parte de la visión de D**s, luego del asesinato de Abel, Caín se siente lleno de culpa, es su propia maldición, se convierte en un hombre errante, que lleva a sus espaldas la sangre derramada de su hermano.  Pero D**s le pone una señal, para que nadie más lo mate, se coloca detrás de él mismo, sin abandonarlo a su propia suerte, a pesar de su propio pecado.  Porque en el fondo, el propio castigo de Caín, es su culpa, no se sentía arrepentido por la muerte de su hermano, quería ser aceptado por D**s, pero no había un verdadero arrepentimiento, esa fue la causa de su delito.

TERCER PECADO ORIGINAL “ANULACIÓN DE LA DIVERSIDAD”
La última narración que nos habla de los pecados originales, es el relato de la Torre de Babel.  Los seres humanos querían uniformarse, y con ello alcanzar a D**s.  Por ello deciden construir una torre tan alta que alcanzarían el cielo.

Pero llega en un momento en que esa torre se cae, los seres humanos se desconciertan y se confunden, ya nadie entendía lo que el otro decía.  El pecado que aquí se presenta es la anulación de la diversidad humana.
Todos los seres humanos somos distintos, “cada uno de nosotros es fruto de un pensamiento de D**s”[5], desde su propia diferencia.  Al querer uniformarse para “alcanzar a D**s” anulamos el propio carácter de la creación de D**s.

Hoy este es quizá uno de los pecados que más cometemos.  Aquellos que pertenecemos a algunos movimientos, pretendemos que aquellos que no pertenecen a nuestro círculo, están condenados.  Podríamos pensar que si D**s no quisiera la diversidad, sencillamente no nos hubiera creado con la libertad con la que nos creó.

Es increíble ver, como hoy, en pleno siglo XXI, hay muerte y destrucción por la anulación de la libertad y la diversidad.  Hoy condenamos a los homosexuales, por ser diferentes, condenamos a los musulmanes porque no viven nuestra misma fe, los musulmanes nos condenan, porque no vivimos la fe, desde el Corán, los protestantes, algunos, nos condenan como “la gran ramera” a los católicos, y así cada uno va queriendo anular la diferencia.

A LA LUZ DE JESÚS “LA GRACIA ORIGINAL”
Estos relatos que nos muestran el camino que todos y todas realizamos en la vida, en la cual tenemos una necesidad de poder y de dominar, de no dominar la fiera carnal, y de anular la diversidad desde nuestra propia visión.

Jesús nos viene a mostrar que más allá de los pecados originales, está la Gracia Original que es el maravilloso don de la vida que D**s nos regala, si Él no confiera en lo bueno de su creación, no hubiere mandado a Jesús a mostrarnos una nueva forma de vivir, que él llamó el Reino de D**s.

La Gracia Original se muestra cuando “Vio Dios que todo estaba bien hecho…”[6], Cuando D**s no nos abandona a nuestra suerte, sino que nos da el vestido para que nos cubramos, cuando D**s nos acompaña, a pesar de nuestro pecado, la Gracia Original es el perdón que sólo puede venir de Él, pero que es una experiencia humana, de errar, pero sentirnos perdonados, y Jesús nos viene a presentar ese perdón de D**s, cuando le rescata la dignidad a una mujer adúltera[7], cuando sana a una mujer hemorroisa y a la hija de Jairo[8], cuando perdona al paralítico[9], es así cuando nos muestra el perdón de D**s, rescatando nuestra dignidad como seres humanos.

A lo largo de la historia, podemos ver que hemos construida muchas falsas imágenes de D**s, a partir de nuestro propio pecado, porque no hemos tenido la experiencia del D**s de Jesús, que parte de la imagen con la que Él se revela al ser humano, que llega a su plenitud en Jesús.

Somos creados a imagen y semejanza de D**s, adquiere un nuevo significado la dignidad de todo ser humano, hombre y mujer, niño y niña, anciano y anciana, homosexual y heterosexual.  Cada uno de nosotros debe ser consciente de su historia de pecado, porque es allí donde actúa D**s, desde nuestra humanidad, desde nuestra psicología, desde nuestra propia consciencia.

Los pecados originales son nuestra propia experiencia de la falta de bondad, pero D**s nos responde desde su Gracia.  D**s nos crea para que seamos felices, y con ello hacer feliz a los demás, haciendo feliz al mismo D**s.  Concluyo con una frase de José Luis Cortés “Qué es el sexo y el Rock and roll, sino una búsqueda desesperada de D**s”.  Toda nuestra historia de pecado es la búsqueda de D**s, en sitios donde no está, por ello la antropología teológica partiría de la pregunta ¿dónde busco a D**s?







[1] La teóloga estadounidense Elizabeth Shüssler Fiorenza, presenta el hecho que los seres humanos no podemos definir a Dios, con palabras humanas,  por lo cual escribe D**s  de esta forma, haciendo notar que no se puede describir la grandeza de D**s, así como la limitación en el lenguaje humano para definirlo.
[2] Teoría propuesta por el sacerdote Georges Lemaître, en la cual se propone que el origen del mundo se da a partir de una gran explosión.
[3] Teoría propuesta por Charles Darwin.
[4] Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales 23
[5] Ratzinger, Joseph – Benedicto XVI Homilía de su coronación, 25 de abril de 2005
[6] Génesis
[7] Evangelio de san Juan, capítulo 8
[8] Evangelio de san Marcos 5, 21-43
[9] Evangelio de san Marcos 2, 1-22 

lunes, 7 de abril de 2014

El significado de la Cruz

Hace un par de días, en el perfil de una de mis amigas, en una de las redes sociales, vi una imagen que me dejó mucho en que pensar.  Esta imagen era una caricatura de un joven cargando una cruz, alrededor de esta imagen estaban escritas varias leyendas: “Problemas” “enfermedades” “Cargas”.  Muchos estarán de acuerdo con esta imagen, es más es parte del imaginario colectivo: “Esa es tu cruz”.  Más aún esto está de la mano con la imagen de un Dios que te pone pruebas porque te ama.

Siendo lo bastante franco yo era parte de esta mayoría que proponía lo anterior, para mí, la cruz era los problemas que tenía, mis situaciones particulares o las enfermedades que padezco.  Todo ello cambió cuando en una clase de Moral Cristiana, el catedrático, paró mi exposición cuando yo había propuesto esto, diciendo que ello no estaba en consonancia con el Evangelio.  Lejos estaba yo de pensarlo.
Y es que es muy fácil proyectar en Dios todas aquellas dificultades que se presentan en la vida.  Es más fácil hacerlo así, para yo quitarme la responsabilidad de asumir lo que me corresponde.  Porque la verdadera cruz es asumir el proyecto de Jesús como propio, que es el Reino de Dios.

Pero se tiene que entender el Reino de Dios, no sólo en su dimensión escatológica (todo aquello que pasará después de esta vida), sino, nuestro compromiso real y auténtico por trabajar por el mundo, como lo soñó Dios y por lo cual vino Jesús a la tierra.  Asumir el Reino de Dios, es antes que nada, trabajar porque las situaciones de injusticia, de deshumanización ya no sucedan.  Es trabajar por la dignidad de todos los seres humanos, aunque no piensen o no actúen como nosotros “los buenos” quisiéramos. 

Muchas veces esta dimensión escatológica, lo que hace es que las personas se conformen, depositando en Dios toda la responsabilidad, por un mundo mejor.  Es muy común escuchar a varios que dicen: “yo oro para que ya no hayan pobres y que Dios les dé de comer”, cuando en realidad es también mi responsabilidad como humano, y como cristiano, darle pan a los que no lo tienen, trabajando para que eso mismo no suceda.  El mismo Jesús nos da el mandato de “Denles ustedes de comer” (Cf. Mc. 6, 37)

Decir que somos cristianos, es actuar como Jesús actuaría, trabajar por los pobres y desposeídos, por los rechazados y los marginados.  Para que esas situaciones de indignidad ya no sucedan.  Cuando Jesús nos invita a “El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.  El que quiera salvar su vida, la perderá; quien la pierda por mí y por la Buena Noticia, la salvará…” (cfr.  Mc. 8, 34b – 35)) es precisamente eso, tomar la cruz del proyecto que Él asumió: El Reino de Dios.  Y ese tomar la cruz es hasta las últimas consecuencias, hasta el rechazo de los poderosos o incluso de nuestros propios amigos.  Para ello el caso paradigmático de Jesús, que asumió, hasta la última consecuencia, ese proyecto.  En Él fue la muerte, la muerte por los ideales del Reino.  Jesús no quedó con los brazos cruzados, quiso mostrarnos a Dios como Abba, como un Padre-Madre, que acoge y perdona, que sale al encuentro de aquellos que fallaron (Cfr. Lucas15, 11-32), que hace una fiesta cuando encuentra a la oveja perdida. (Cfr. Lucas 15 1-7)
Depositar en Dios lo que es nuestra responsabilidad, es desplazar en Él, lo que es nuestra responsabilidad.  Ya es tiempo que, los cristianos, nos humanicemos y seamos coherentes con el mensaje de Jesús, que es quien seguimos.  Tomar la cruz de Jesús, es asumir su proyecto, no hacer responsable a Dios de las situaciones fortuitas de la vida.  En el fondo, en esas situaciones, es Dios quien nos acompaña y nos da la fuerza suficiente para sobrellevarlas, pero no es justo pensar “Que todo sufrimiento viene de Dios” (Cfr. José Luis Cortés “Universículos”).


Ahora que iniciamos la cuaresma, es menester que reflexionemos y nos cuestionemos ¿es la cruz de Jesús la que quiero tomar?  Y de la mano con ella la siguiente es más importante aún ¿Estoy dispuesto a bajar de la cruz, a todos los crucificados de hoy, los marginados, los rechazados, los explotados por la sociedad?