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jueves, 25 de septiembre de 2014

El problema es la polarización

En los últimos días, todas las redes sociales se han llenado acerca de opiniones en torno a la conferencia que, magistralmente, dio Emma Watson ante una comisión de la ONU.  He escuchado el discurso y me he dado a la tarea de leer lo que se ha escrito acerca de ello. 

Por principio, hay un gran número de personas que la apoyan y otros, más conservadores no, sobre todo por la utilización de la frase “yo decido sobre mi cuerpo”  y “feminismo”.  Ante estos argumentos, me he dado a la tarea de analizar estas posturas y, como es costumbre, llegar a una opinión personal, que puede estar errada, pero que es mía y por ende la defenderé.

Desde esa perspectiva, considero que el gran problema es la polarización de la opinión, o algo es completamente bueno o algo es completamente malo, dándole tintes moralistas a algo que no corresponde.

La respuesta reaccionaria de una parte de ciertos sectores sociales, siempre me ha dejado en que pensar, especialmente si yo formo parte de estos sectores.  Creo, a su vez, que el problema de la polarización es que ambas partes quieren arrastrar a los contrarios, tratando de convencer de que los otros son los que están mal y que por ende deben rectificar su postura, anulando completamente la diversidad de pensamiento.

En realidad el problema es muy grave, ya que ella está implicada de ataques personales a las personas que tienen una postura, aunque sea mínima, distinta a la que “debería ser”.  Pero allí es donde me pregunto ¿qué es lo que debería ser? , sencillamente no tengo una respuesta para ello.  Pero de algo estoy convencido, todos y todas tenemos derecho a pensar, sentir y proceder de la forma que convenga, toda vez no afectemos los derechos de otro ser humano. 


Me pronuncio a favor de la libertad de pensamiento, incluso dentro de los sectores a los que pertenezco, eso, sencillamente, porque soy un hombre que piensa, si Dios me hubiera creado robot, seguro diría lo contrario.  Claro está, esta defensa va, también, a los que no piensan como yo, si no ¿qué ejemplo estaría dando? 

martes, 17 de julio de 2012

Mi defensa de la felicidad


He de confesar que me gusta mucho leer, y he leído muchas cosas interesantes.  En esa búsqueda incesante de lectura, una buena amiga, me recomendó leer a José Luis Cortés, en su blog en la Prensa Digital.  Él, José Luis Cortés, es un caricaturista, ex sacerdote, que a través de sus caricaturas busca transmitir un mensaje evangélico.
Viendo y leyendo llegué a una caricatura que me dejó impresionado y me hizo pensar mucho, y vean que pienso mucho, en ella un par de hombres estan en una banca, en lo que parece un parque y están tomados de la mano, junto a ella había una leyenda que se leía: “No es Resurrección… Oponerse a que otros sean felices”.

Reconozco que para mí fue muy sorprendente, nunca me había detenido a pensar en ello; Dios quiere que seamos felices, que compartamos nuestras alegrías con los demás.  A ello le sumo que, habiendo terminado de leer “La Teología del Gusano” tenía mucho que reflexionar.  Estas dos lecturas me ayudaron a cambiar unos esquemas que había venido manejando.  Y es que, como hijos de nuestro tiempo, venimos con imágenes de un dios que se goza con más sacrificios y dolores de parte nuestra, que entre más sufriéramos más gloria le dábamos a dios, claro muchos santos lo hacía, como Catalina de Siena o Domingo Savio, pero en ambos casos ninguno es santo por sus dolores.

Al ser hijos de nuestro tiempo y de nuestra sociedad, nos damos cuenta que no somos capaces de compartir, aunque sea un poco, la felicidad de las personas.  Nos llena de envidia el ver felices a los otros, siendo, quizá, lo que nosotros quisiéramos ser o hacer.

Para colmo de males un día de estos, en un concurrido centro comercial, veo a una pareja de homosexuales tomados de la mano.  Claro el “gusano” (haciendo referencia al libro que ya había mencionado) saltó y me incomodó la situación, pero luego reflexioné: Si ellos son felices ¿Quién soy yo para impedírselo?  Si Dios los ama así ¿Quién soy yo para hacerles la guerra? Fue entonces cuando llegué a una conclusión: ¡Defenderé el derecho que todo ser humano tiene para ser feliz.

Estoy seguro que en nuestro corazón hay un deseo por ser felices, todos queremos alcanzarla felicidad, trabajamos por ella, nos sacrificamos por tenerla y, poco a poco nos damos cuenta que no la tenemos.  Porque la vemos como fin y no como medio.  En esa búsqueda desesperada muchas veces la dejamos escapar y se nos olvida disfrutar los pequeños logros de la vida, las sonrisas de los niños o la caricia de nuestras madres.  Pero allí está oculta en los pliegues de nuestra alma, siempre dispuesta a posarse en nosotros mismos.


Confieso que envidio a aquellos que no temen mostrarse como son, muchos quisiéramos hacerlo.  Buscar la felicidad es una necesidad, encontrarla en uno mismo es una gran virtud.  Hoy lo único que puedo desearte es que te puedas encontrar con ella, y que juntos puedan darse a los demás.